Sábado 27 de Diciembre de 2014
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Libardo León Guarín
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Martes 07 de Mayo de 2013 - 12:01 AM

El discurso ecológico

Autor: Libardo León Guarín

No son suficientes las advertencias ni las preocupaciones de algunos románticos del planeta tierra, para que la defensa ecológica entre de lleno al día a día de los colombianos. De tanto repetirlo se volvió una salmodia, un discurso retórico sobre el cual nadie dice que no pero se hace lo contrario. Se acude a la formación desde la infancia, a la responsabilidad social empresarial o a los comparendos ecológicos, pero nada que se ven resultados del nivel de los esfuerzos por lograr una conciencia ecológica fuerte y comprometida.

La revista “Semana” registró, en interesante separata (04-22-13), entre las muchas cosas que hemos perdido –tradiciones, oficios, construcciones, lenguas, fauna y flora- la orquídea mandesvalia, la foca monje, el pez graso de Tota, el pato Cira boyacense y una larga lista; o que están a punto de desaparecer como el mono tití, el delfín rosado, la comadreja, la iguana, el jaguar, el colibrí sable, la tijereta, etc. Todo porque para el mercado, que nada tiene de romántico, resulta cosa de tontos no “civilizar” tierras quemándolas para urbanizarlas o convertirlas en potreros llevándose sin miramientos fuentes de agua, fauna y flora nativas. Estuve en el Jardín Botánido E.V., mantenido con las uñas y el cariño de unos pocos; se salvó de milagro de esa voracidad comercial que nos invade, mientras no aparezca un negociante de tierras urbanas que lo señale como lote desperdiciado, igual que opinan de los cerros orientales.

Estamos tan atrás en este asunto, que mientras en países más ilustrados por lo menos y con dirigentes de mayor formación humanista, ya hay edificios enteros que parecen montañas verdes, tupidos de plantas naturales en azoteas y terrazas, aquí nos sorprendemos con unos diminutos jardines verticales, eso sí de superior calidad a las plantas plásticas de un lobo intenso, “sembradas” en otros centros comerciales. Para no hablar del pobre diseño arquitectónico que se ha venido tomando la ciudad, plagándola de cajones duros, insípidos, uniformes, parecidos a los del socialismo staliniano El individualismo presente en la formación cotidiana que recibe el colombiano, puede ser la fuente que lleva a que el discurso ecológico caiga como oír llover, pues el futuro colectivo de la especie y la solidaridad social poco importan.

ADENDA.- “En los últimos 50 años ha cambiado más la estructura ecológica de Colombia que en el resto de su historia. La transformación de los ecosistemas y la huella ecológica merecen más cubrimiento de los medios de comunicación”, Germán Andrade. Biólogo UAndes

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