Sábado 25 de Octubre de 2014
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Libardo León Guarín
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Martes 06 de Agosto de 2013 - 12:01 AM

El Papa y el estado laico

Autor: Libardo León Guarín

Jorge Bergoglio, ahora el Papa Francisco, dijo en Río de Janeiro que el Estado laico favorece a las religiones, afirmación aparentemente contradictoria que pasó inadvertida entre el folclor, la “chiva” e informaciones frívolas ya comunes sobrepuestas a lo más significativo en este tipo de eventos, para nuestro caso sobre lo que este jesuita piensa que debe ser la nueva Iglesia.

Semejante posición fuera de tiempo debe tener intranquilos a quienes siempre han querido, desde la derecha, que Iglesia y Estado anden en llave y que por eso mismo haya una religión oficial “en nombre de Dios, fuente suprema de toda autoridad” como iniciaba la Constitución colombiana de 1886.

Y escandalizada a buena parte del clero colombiano, a los uribistas que hicieron retornar al pénsum escolar la cátedra de religión, pero minimizaron la de historia. Se puede pensar que el Papa estaba mirando los sucesos en Egipto, donde los hermanos musulmanes en un año subieron con votos pero bajaron mediante golpe de Estado y otra vez se dividió el país con centenares de muertos; montaron en el poder su teocracia excluyente hacia otros grupos musulmanes, los mismos cristianos ortodoxos, los coptos y demás credos. O puede haberlo dicho mirando a Irán, donde Constitución y Corán, además con lecturas bastante literales, son esencialmente lo mismo.

Tal posición es contraria a la muy conservadora del Opus Dei, tan protegido por Juan Pablo II y contra cuyo manejo cerrado del Vaticano le fallaron las fuerzas a Benedicto XVI; lograron desplazar a los Jesuitas que ahora regresan con pensamiento más abierto e ilustrado, hay que reconocerlo. Antes Kemal Ataturk modernizó a Turquía deslindando religión y Estado, como quedó estampado en su bandera nacional separando media luna y estrella. Y los japoneses en la postguerra también le quitaron el carácter divino al emperador, pensando lo mismo: los Estados con religión oficial contribuyen a fanatizar ciudadanos contra otras creencias incluida la católica; y es mejor que el favoritismo religioso gubernamental no sea ni para Dios ni para el diablo, interpreto que ha dicho Francisco.

Si esto se entendiese en Colombia, país legalmente laico y de leyes, pero en la práctica con religión oficiosa apasionada, miles de ciudadanos siguiendo al Papa habrían protestado contra el gasto de $47 mil millones de regalías en un monumento “al santísimo”, además de dudosa calidad estética; y no habría días oficiales para la madre Laura ni capellanes en entidades del gobierno.

Pero en Colombia estamos.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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