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Martes 18 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Somos huéspedes

Columnista: Libardo León Guarín

No solo llegamos de último, cuando ya casi todo el planeta tierra estaba hecho, sea que se acepte el creacionismo o la evolución como partida, sino que nos hemos portado como unos cueros que responden a la hospitalidad destruyendo la posada y de qué manera: acabando con el agua, agotando las fuentes de energía, acabando con el jardín, contaminando el techo, atacando a buena parte de los habitantes de la casa, volviéndola un caos para reemplazarla por ciudades al garete; y cuando, víctimas de nuestros propios desastres no pudimos soportar los resultados, ni había cómo ni con qué, nos dio por buscar afanosamente otra posada, en otro planeta igual de generoso al que encontramos cuando llegamos por primera vez.

Con la complicidad de los dueños de casa; cuando algunos huéspedes prendieron las alarmas sobre lo que estaba sucediendo a los ojos de todos, previendo un final apocalíptico, se volvieron sordos de los que oyen sin escuchar y ciegos de los que ven pero no miran, igual que en la novela premonitoria de Saramago sobre la ceguera colectiva. Pero, ¿por qué tanta miopía, se preguntaron algunos huéspedes, medio escondidos para que no los señalaran de fatalistas negativos enemigos del progreso. La misma pregunta se la hicieron otros más frenteros dispuestos a dar la batalla, sin el ánimo aventurero de buscar otro planeta igual para pedir posada.

La respuesta la encontraron repasando viejos y nuevos textos, anacrónicos e ilusionados, cosas de poetas según los partidarios del progreso sin talanqueras de sostenibilidad; textos de santos y santones, profetas y economistas modernos por lo general “outsiders”: la codicia del cuánto tienes cuánto vales que en los últimos sabios académicos no es otra cosa que el predominio exitoso del capital sobre todo lo demás y los demás. Pero pocos les pararon bolas y si lo hicieron fue más por la cantaleta que por convencimiento racional; tampoco lo hizo un poderoso presidente de los que manejan el planeta tierra desde el más puro individualismo, dispuesto a enfocar todo poder hacia el inmediato futuro, para que si el triunfo de los negocios requiere acabar con la posada, eso no importa; y el que se quede atrás que arrié.

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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