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Martes 15 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Usos y abusos

Columnista: Libardo León Guarín

Pocos se preguntan de dónde viene la actual situación de Venezuela, enseñados a ver la historia inmediata sin antecedentes ni análisis de las causas ni de los colaterales. Usos y abusos acumulados terminan por hacer explotar la olla: a las desigualdades sociales hasta límites insospechados y a la insatisfacción de necesidades básicas en salud, educación, vivienda, servicios públicos, súmele la corrupción y el despilfarro, la inseguridad, los contrastes entre una clase ostentosa y las viejas barriadas de Caracas creciendo día a día.

Pues en Colombia las cosas hoy no parecen estar mejor que antes del chavismo, mírese por el lado que se mire; la salud hecha un exitoso mercado, las zonas tuguriales apareciendo aún en ciudades pequeñas, la educación hecha un mar de abusos bajando la calidad para subir las ganancias, la corrupción con “Ñoños” y bandidos haciendo del Estado una buena vaca Holstein, la seguridad hecha un muñeco porque ya nadie denuncia robo de celulares hacia arriba, la justicia administrada por debajo de la mesa, los ricos haciéndose más ricos y los pobres cada vez más pobres. Es posible que con la ayuda de los medios se nos esté torciendo la mirada hacia Venezuela, distrayéndonos aún más de lo distraídos que estamos con el consumismo, la farándula y los clásicos futboleros.

Son reflexiones que se me ocurren cuando oigo cascadas de noticias acerca de episodios sobrecogedores que revelan el estado de la salud social de la sociedad colombiana: en un pueblo antioqueño asesinan al rector de un colegio por enfrentarse al microtráfico de estupefacientes que tenía azotado al plantel; en Bucaramanga, en el principal hospital del oriente colombiano, sus empleados, desde los médicos hasta los de oficios varios, tienen que parar actividades, porque la empresa privada dueña del contrato no les paga desde hace tres meses; y las muertes de infantes por desnutrición ya no son noticia ni en Venezuela ni en Colombia por rutinarias. Usos que se van volviendo cotidianos y abusos que se sabe cuándo y dónde comienzan pero no dónde ni cuándo terminan,

Adenda.- No es un crimen decir cosas que puedan no gustarle a alguien; pero sí acusar a alguien falsamente de un delito (John Ding).

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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