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Martes 12 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

Alentando la esperanza

Columnista: Libardo León Guarín

A que no se la dejen robar invitó el papa Francisco a los colombianos y fue más allá: los alentó a cambiar la sociedad, pero nadie invita a cambiar lo que está bien; habló de tinieblas que amenazan al país y es bueno saber de dónde podrían venir esas tinieblas si es que ya no lo sabemos. Por supuesto José Galat estará hablando de anti cristos otra vez y de papas “comunistas”, sabiendo como lo debe saber él muy bien, que toda religión es por esencia conservadora en sus principios, aunque una salida hacia la izquierda de cuando en vez no le viene mal, para no quedarse tan atrás de la historia.

No parece desinformado el papa argentino; la esperanza de introducir cambios en la sociedad colombiana después de los pactos surgidos de las conversaciones en La Habana, cada vez se empantanan más porque la clase dirigente quiere seguir en lo mismo, si fuere necesario amarrándole conejo a lo pactado para que nada cambie, que es como están contentos y felices. Las trabas a las reformas política, al régimen de tierras y a la justicia añadidos sus más recientes escándalos de corrupción, nos auguran más tinieblas que esperanzas; no son buen pronóstico. O pretender que el nuevo partido sea continuación del liberal o del conservador, tampoco. Dejarlos que se desarrollen sin traicionar su ideología pero sin armas es lo natural en un sociedad que espera ser civilizada.

Sindicar de traiciones a los guerrilleros, cuando más parece lo contrario, porque no renuncian a sus ideas es no entender nada de lo pactado; de ahí que parezca una anécdota del desafuero y la ignorancia lo señalado por un periodista de Caracol que trasmite desde Miami señalando a la inocente e insípida rosa del escudo aprobado como “una provocación” porque tiene en el centro una “estrella comunista”.

¿Cuáles son esas? Todo esto parece haberlo previsto el papa Francisco. Con una pifia en su visita: invitando a la paz de los abrazos, lograron colgarle la beatificación del cura Pedro Ma. Ramírez, cuya historia no empieza con su cruel matanza, sino con la incitación a la violencia y al odio en tiempos de infeliz memoria.

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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