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Martes 03 de Octubre de 2017 - 12:01 AM

Las vestiduras están rasgadas

Columnista: Libardo León Guarín

Rasgarse las vestiduras era una práctica en antiguos pueblos judíos cuando eran víctimas de desgracias, además dando alaridos y rapándose la cabeza. A Colombia nos llegó como expresión de dolor, malestar e indignación porque si de rasgarse las ropas se tratara todos andaríamos harapientos y semidesnudos ante tantos acontecimientos desgraciados que se suceden sin que nadie quiera asumir la culpa. Uno de estos es el remesón en la administración de justicia, que como dicen de los terremotos en algunos países, ojalá sirvan para sacudirse de tanto bandido.

Buscando al ahogado aguas arriba y el mal entre las sábanas, o sea sin ir a las causas fundamentales de la desgracia, otra vez reformas, más leyes y acusaciones, calabozo y escarnio púbico para personas, cuando el problema es estructural, hay que repetirlo una y mil veces.

Una sociedad donde sus integrantes son formados para que, sobre todo lo demás, busquen el éxito entendido como acumulación de bienes, no puede esperar ángeles sino negociantes aviones que por la vía rápida acuden a la corrupción, al narcotráfico, a la violencia apropiándose de tierras, al chantaje y al miedo para lograrlo. Vista así la vergonzosa caída de la Corte Suprema de Justicia -¿Todavía hay que escribirla con mayúsculas?- infectados de la sociedad enferma son los magistrados, los congresistas, los carlanchines, los auxiliares…

Vaya Ud. a ver en cuántas facultades no solo de Derecho les están diciendo a sus alumnos que para tener éxito deben hacerse del lado de los de la plata, porque eso de ejercer la profesión con honestidad y sabiduría es para abogados pendejos románticos. Y con esa meta empiezan a ejercerla; fácil entonces encontramos a un Fiscal Anticorrupción joven ya corrompido hasta los tuétanos. Sin entrar en detalles de lo que seguramente sucede no solo en la Corte, de ahí el escándalo, sino en las bajas esferas, en las barandillas de los juzgados, en las oficinas de defendidos, defensores y acusadores. Todo por una mirada equivocada: los delincuentes se hacen en sociedades que les facilitan sus conductas. Para no rasgarnos otra vez las vestiduras.

Adenda:- La Casa de Bolívar se cae y a nadie parece importarle. Otra vergüenza para esta ciudad bonita.

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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