Martes 02 de Enero de 2018 - 12:01 AM

Un año que viene

Columnista: Libardo León Guarín

El manejo mágico del futuro lleva a los rituales esotéricos que acabamos de ver: las uvas, las espigas de trigo, la valija, el sahumerio y desde luego las ceremonias religiosas, todos orientados hacia la esperanza. Entre la ignorancia y la buena fe, son más frecuentes en sociedades donde el porvenir real es incierto y nebuloso. Puede ser nuestro caso,porque la desconfianza y el pesimismo vienen haciendo camino; de promesas sobredimensionadas, electoreras eincumplidas hemos vividomientras los cinturones de desamparados no hay que buscarlos en Venezuela, Haití o en África; las enormes distancias socioeconómicas también están, aquí a la vuelta de la esquina, y no pueden difuminarse con el abracadabra del ¡Feliz Año!

¿Qué esperaría yo del país nuevo que se veía venir en el papel, hace solo un año, con la firma de la paz, que ahora se volvió conejo de ilusionistas?; porque con la desmovilización entre el bolsillo los del país de siempre harán todo lo posible porque la sociedad estructuralmente no cambie, simplemente porque como están, ya sin la amenaza en el cuello, están bien. El inefable José Obdulio decía en entrevista radial que la derecha se propone alcanzar mayoría parlamentaria para reversar todo lo poco aprobado en el Congreso con el “fastrak” por “ilegítimo”, como si los uribistas tuviesen moral para darnos clases de legitimidad y buenas costumbres políticas.

Consolidar lo logrado en La Habana sería un propósito nacional para este nuevo año; pero también hacer un esfuerzo gigantesco entre gobiernos y sector privado, ambos comprometidos y untados como los que más con la corrupción, para que esta no continúe socavando hasta la inviabilidad a la sociedad colombiana, haciendo eso sí de entrada diferencia entre presos políticos y políticos presos. Y reconociendo mi ambición por vivir algún día en este país pero decente, una modificación radical desde la educación acerca de la idea de éxito en que se están formando los nuevos ciudadanos, orientada hoy hacia el triunfalismo económico, hacia la acumulación de riquezas y consumos, como si la felicidad fuera solo eso; porque corrupción y acumulación se encadenan en un matrimonio perfecto. Con el optimismo que aún nos queda.

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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