Martes 03 de Julio de 2018 - 12:01 AM

Los feos del fútbol

Columnista: Libardo León Guarín

Los ingleses lo inventaron a finales del siglo XIX para que, mediando la lúdica, aumentara la eficiencia de los obreros en las fábricas; de ahí en adelante todo fue negocio: los implementos deportivos, las construcciones, la venta de jugadores, los premios, las franquicias y la propaganda, hasta tal punto que hoy el deporte de alta competencia pero sobre todo el fútbol, más que un espectáculo de divertimento y baile para ver, parece un negocio de mafiosos que mueve mil millonadas en la economía subterránea, incluídos negociados, coimas, amenazas, y venganzas contra jugadores, técnicos, árbitros y directivos que “no hacen las cosas bien”.

Beneficios desde luego los hay: liberar tensiones en un mundo atropellado, promover fuentes de trabajo, dar cohesión nacional alrededor de su selección, aunque hacer depender lo nacional del éxito o del fracaso de un equipo sigue haciendo países frágiles, volátiles y pendulares, porque cuando ganamos somos la verraquera y cuando perdemos nos vamos hasta los infiernos. Pero otros efectos negativos también saltan a la vista: la violencia alrededor de algo que debiera ser lúdica, hizo que en solo Bucaramanga, para uno solo de los partidos de la copa disputada en Rusia, hubiese que disponer de 4.000 policías, con un muerto, 10 heridos y 560 riñas: los “ñeros” y los “niños bien”, nuestros “juligans” a su manera, por igual desenfrenados con el triunfo o la derrota, entre el humo y el alcohol.

El estímulo apasionado a la rivalidad, entendida como enfrentamiento agresivo, a lo cual somos proclives los colombianos, no es recomendable para un país que trata de salir de la violencia endémica para celebrar la paz. Escribo esto en un establecimiento solitario, sin pantalla de TV, a las 10 a.m., durante el partido Colombia-Senegal pero entre el furor y la gritería del vecindario; alcanzo a oír los madrazos y las instrucciones que algunos envían a Falcao o a James para que le den al balón de tal manera, algo tan cursi como surrealista. Estoy ejerciendo mi oficio de sociólogo, observando comportamientos masificados, en el mejor de los laboratorios en vivo, para preguntarme finalmente: ¿Será que el fútbol, distrayendo problemas sociales básicos, está sustituyendo a la religión en lo del opio del pueblo?

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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