Martes 16 de Octubre de 2018 - 12:01 AM

Por la educación pública

Columnista: Libardo León Guarín

Que “la educación no es llenar un salón. Es encender una pasión” decía con ingenio juvenil uno de los miles de carteles, que en todo el país y en nutridas manifestaciones, reclamaron quienes piden que se cumpla esa función ineludible del Estado. Y llamó la atención el acompañamiento que hicieron profesores y estudiantes de universidades privadas, a lo mejor sintiéndose afectados por los altos costos y la rebaja de la calidad sin que por esta vía puedan llegar a ningún Pereira.

Entendiendo que universidad pública no es solo gratuidad para el estudiante, sino la ideológicamente abierta al conocimiento investigado, lo sucedido con la desfinanciación generalizada de la educación se veía venir desde la segunda mitad del siglo XX; también entonces salimos en manifestaciones por lo mismo, ante inicios acelerados de la educación paga y exigencias a la pública para que buscara rentas propias (la UIS tiene 96 postgrados), dos formas descaradas de privatizarla. Si hasta los años 60s. el 80% del estudiantado se beneficiaba de la educación patrocinada por el Estado, hoy el dato es al revés. Sin embargo, el cuestionamiento no puede quedarse en señalar a un Presidente o a una Ministra para que cambien a voluntad el presupuesto; el asunto tiene que ver con el modelo de Estado, neoliberal además, que lo despojó de funciones sociales básicas inherentes: atender la educación, la salud, las vías, la seguridad, reduciéndolo al papel de protector del individuo y sus proyectos, entre otros montar centros educativos.

Para paliar los efectos económicos que se veían venir, se creó el ICETEX (inicialmente estudios en el exterior), hoy convertido en un banco de créditos como todos; nadie pensó entonces que se creaba para privatizar la educación pública. Y el “pilo paga” que terminó sin fondos y en lo que todos saben: un medio para financiar universidades privadas. Bienvenido pues este despertar de la academia, que no puede olvidar que hubo una vez en Colombia, cuando asistíamos a la escuela primaria, al bachillerato y a la universidad, siempre subsidiados por un Estado intervencionista, que en nombre de la sociedad entera administraba el presente y el futuro de sus ciudadanos.

Adenda. “De tanto empobrecer la educación, nos volvimos ricos en ignorancia” (I. Mantilla, exrector U.N.)

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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