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Martes 25 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

A pesar de

Columnista: Libardo León Guarín

Reitero que el voto es una conquista de la política moderna, contra el absolutismo y la unanimidad en el manejo del poder. Pero tampoco se trata de votar botando y menos de ejercerlo en las circunstancias en las que se vota en Colombia, presionados por el hambre que vende y compra conciencias o a punta de pistola, de lo cual tenemos ejemplos recientes y lejanos. Votar, incluido el voto en blanco, o no votar, es una decisión libre, como ser candidato implica tomar el camino del servicio público.Claro que estoy diciendo pendejadas, porque lo predominante en votantes y votados colombianos es otra cosa.


Estas elecciones aparentemente menores, medirán varios futuros, entre otras el regreso del uribismo –algunos piensan que con Santos nunca se ha ido- y hasta un tercer período, con todo lo que eso significa en corrupción, paramilitarismo, satanización y politiquería que condenan de dientes para afuera, pero ubican a hijos parientes y consocios electorales en buenos cargos oficiales. La estrategia de dividirse en partidos de ocasión dio resultados durante el uribato, igual que la de meterse, haciendo de caballo de Troya, para destruir fuerzas exitosas como el Partido Verde, al cual le metieron a Peñaloza para que lo destruyera. Con los ojos bien abiertos para no votar gato por liebre, y a pesar de, estas elecciones deberían servir para lo que deben servir todas: consolidar una democracia decente donde las armas no sean la desinformación, las balas, el miedo ni el olvido, el sesgo en las encuestas, ni la explotación del desempleo desocupando tulas en cada concentración. Ni la destrucción violenta de la propaganda del adversario, tan primitivo y santandereano comportamiento como el de ir de noche a defecar en la puerta del adversario político.


Por mi parte no votaré por candidatos que busquen cómo encaramarse para hacerse al botín en su cuarto de hora, ni por quien haya tenido cercanías y silencios con falsos positivos, paramilitarismo, desplazados y usurpación de tierras, con promesas de cambio para que todo siga igual, ni por marionetas movidas por buscadores de contratos lejos del servicio público; ni por bebesaurios ya envarados con banderas de la derecha en contravía de la historia de la juventud, siempre contestataria ¿Difícil? ¡Sí! Habrá que usar varias linternas de Diógenes. No importa. Pero podré tener mi conciencia tranquila.


EDUCACIÓN PARA LA CIUDAD.- Caridad es hacer personas, no mendigos. Empiece por reconocer salarios justos antes que dar limosna para salvar el alma.

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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