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Martes 13 de Diciembre de 2011 - 12:01 AM

Nos ayudamos

Columnista: Libardo León Guarín

Sí, los inviernos de la Niña y del Niño y las vías modelo 1930; como remedio, rezar a los dioses para que controlen ellos la naturaleza y quejarnos de la mala suerte porque todo fue de improviso. Así solían actuar y actúan aún los pueblos primitivos, dado que su conocimiento del mundo era y es bien precario. Pero la civilización se llama así no solo por lo de la "civitas", sino porque los seres humanos, acumulando conocimientos experimentales empíricos y científicos, lograron avanzar sobre las creencias en el manejo y aprovechamiento de la naturaleza, haciendo que la relación hombre-mundo sea hoy más favorable para nosotros que para los dioses


Pero en Colombia buena parte de la población, por ignorancia mantenida o voluntaria, aún no conoce realmente el proceder de la naturaleza y actúa como el hombre primitivo, con ayuda de la extrema pobreza que obliga a desconocerla; y Dios proveerá. Por eso ante tragedias invernales, de lo que menos se habla es de la deforestación consentida, de construcciones en humedales y en tierras de ladera no aptas, de la proliferación de edificios en zonas sin ductos previstos para densidades mayores de poblamiento, de canalizaciones y sedimentaciones no atendidas a tiempo, de la revisión de puentes como política de obras públicas y no como generoso acto esporádico, …; de la previsión, en una palabra. Nos ayudamos no cabe duda.


Conozco, sin ser experto, el espacio de Lagos del Cacique donde se produjo un deslizamiento reciente con casas deterioradas, taponamiento vial y peligros inminentes en el inmediato futuro. Allí hace pocos años hubo otro deslizamiento que afectó a un conjunto recientemente construido. Oí decir a un experto en suelos que esa zona no era apta para construir por la calidad del terreno. Pero tienen más fuerza los urbanizadores y la respuesta fue otro conjunto al lado y ya estaba listo otro lote contiguo, con tala de árboles incluida, para seguir construyendo cuando sucedió el percance reciente. Nadie responde. Ahí mismo en esa vecindad, el dueño de una casa mediante ducto a la vista de todos lanza aguas servidas a la calle; y más abajito un vivero bordeando el precipicio aumenta la humedad del suelo todos los días. Pero aquí los desastres naturales llegan por sorpresa y que se haga la voluntad divina. La culpa es de la vaca.


EDUCACIÓN PARA LA CIUDAD.- Si la pólvora expresa alegría en nuestra cultura, su manejo responsable es asunto de personas adultas expertas.

Autor:
Libardo León Guarín
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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