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Martes 28 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

Asilarse, un derecho

Columnista: Libardo León Guarín

Algunos lo consideran aporte de América Latina al derecho internacional en la primera mitad del siglo XX, originado en la inestabilidad política regional en el reacomodo de las fuerzas internacionales de poder lo que produjo golpes de Estado con persecución a opositores y derrocados, en regímenes políticos donde está prohibido todo lo que no es obligatorio. Pero ya existía no de manera formal, desde la baja Edad Media europea, cuando conventos y universidades incipientes sirvieron de refugio. El artículo 14 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos consagró este derecho, pero con limitaciones: que haya persecución y delito político, no contra acción judicial realmente originada por delitos comunes o actos contrarios a los propósitos y principios de las Naciones Unidas. La Constitución de 1991 lo incluyó en su artículo 36.


La referencia más usada al derecho de asilo en Colombia venía siendo el episodio de Vísctor R. Haya de la Torre jefe del APRA peruano, partido inicial de Alan García, refugiado en la Embajada colombiana en Lima durante cinco años sin definición, porque si el gobierno de Odría alegaba delitos comunes –consumir estupefacientes, homosexualidad- el colombiano lo defendía como perseguido político. Los más recientes, el del primo de Uribe negado por Costa Rica y ahora el expresidente Uribe defendiendo con abogados a la señora Hurtado –que es como defender su propio trasero afanosamente- ayudado por su amigo político Martinelli; el del siquiatra Restrepo y vendrán otros, ya sin usar la extraterritorialidad de las embajadas, sino huyendo al exterior.


Que el señor Uribe intente seguir engañando –porque como abogado sabe lo que es el derecho de asilo y por qué se otorga- es otra cosa. Las masacres, facilitar el despojo de tierras, engañar a la opinión pública con falsas desmovilizaciones, los autoatentados, las chuzadas, los falsos positivos, las agresiones a tribunales de justicia, Agroingreso inseguro no pueden ser delitos políticos, sino comunes; y sentirse perseguidos en el primer gobierno de su propio partido o por tribunales que terminaron por no acomodarse a desmanes pretendiendo "refundar la República" con segundo Bolívar más parece una salida burda, poco convincente y por lo menos aventurada.


ADENDA.- Joaquín Bretón ha vuelto por sus fueros de escritor, haciendo lo que sus amigos y condiscípulos siempre creímos que debía ser: el creador literario de sus trabajos juveniles. Dejó de escribir para sí mismo, que según Borges es la primera función de la literatura, para dejarnos sus 90 horas de creación continua. Feliz retorno.

Autor:
Libardo León Guarín
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