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Domingo 23 de Febrero de 2014 - 12:01 AM

¡Cayó el Baloto en Bucaramanga!

Columnista: Lucrecia Ángel

-¡Cayó el Baloto y no me lo gané!, se lamentaba Amparito mientras revolvía la espuma de su capuchino. -¿En serio?, ¿y cayó aquí?-Le pregunté. No, -dijo-, en Medellín, es el segundo premio más grande que se ha entregado, después del que cayó en Bucaramanga el año pasado! Acuérdate que desde algo más de un año un bumangués se hizo multimillonario.

-¿Sabes Amparito?,-. Yo estoy presintiendo quién fue ese bumangués…es más, ¡estoy segura!... El de la suerte fue Luisito.

- ¿Queeé?, gritó Amparo y tosió su café. ¿Cómo sabes eso Lucrecia?

- Mira, es fácil. ¿Te acuerdas hace como tres años cuando tomábamos cafecito en la 42? - ¡Pues claro que me acuerdo!

-¿Te acuerdas que en una mesa siempre estaba Luisito con un gran amigo tomando tinto, casi que mirando los clasificados, porque estaba como dicen, en la inmunda?

-¡Claro Lucrecia! Si era la época en que Luisito vendía computadores!

-Exactamente!- Y luego le siguió la ventolera esa de hacerse elegir y se endeudó hasta el pelo… pero y ahora, ¿le has visto el reloj? -Ay no mija, yo qué me voy a poner en esas.

-Ay Amparito, yo sí y te cuento que el relojito es un Hublot como de ¡20.000 dólares!¡ casi $40 millones!

-¡Ay Lucrecia no digas mentiras!

-¿Y los zapatos? Puro Salvatore Ferragamo, que no se bajan de 600 euros, o sea, ¡como $1’600.000! ¿Y la corbata?

-Pero Lucrecia, ¿y es que el sueldo no le puede aguantar para eso?

-Pues, mija, haga cuentas. Ese se puede ganar como unos $10 millones y le harán descuentos de salud y retenciones y todo lo que les hacen a los asalariados. ¿Será que con ese sueldo le alcanza para que en dos años haya pasado de vender computadores a tener relojes de más de $40 millones?

-¿Y no será más bien que el reloj es chiviado, Lucrecia?

-¿Y la ropa y el carro y el apartamento en Cabecera también? ¡No mija, eso fue que se ganó el Baloto!... ¿O será más bien que está sacando plata de…?

-¡Ay no Lucrecia!, ¡No seas tan mal pensada¡

¡Callémonos que eso es pecado!

Autor:
Lucrecia Ángel
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