Publicado por: Luis Ernesto Ruiz
Todos los colombianos tenemos grabada en nuestro ser esta esperanza. Son tantas las voces contradictorias que se oyen, que es difícil formarse criterio sano en esta materia.
Pero en el fondo, todos anhelamos que existan caminos de reconciliación, sin que en ello comprometamos la condición de una patria justa y sin que tengamos que arrepentirnos de nada ni entregar jirones de patria.
No es fácil aceptar que quienes han regado nuestros campos con ríos de sangre y dolor, se reincorporen a la sociedad impunemente. No es fácil olvidar, tampoco perdonar, pero no hay duda de que si queremos que las generaciones que nos sobrevivan gocen de la paz, hay que dar pasos seguros en esta materia.
Tampoco es fácil aceptar que hoy estén hablando de restitución de tierras, olvidándose que en épocas de triste pasado, a los finqueros de toda la vida los grupos armados los desplazaron de sus fundos para que la Nación “comprara sus fincas” pagadas a larguísimos plazos con papeles negociables. Las abandonaron para salvar sus vidas; estas tierras fueron parceladas y entregadas a ¨campesinos¨ afectos a los grupos subversivos, que luego fueron sacados en polvorosa por los paramilitares, que las entregaron a sus compinches y testaferros. Hoy la ley está restituyéndolas a quienes en el pasado convivieron con los amigos de la subversión, sin tener en cuenta que hubo inicialmente otros desplazados quienes de verdad con sacrificio y tesón fueron creando desarrollo y riqueza a lo largo y ancho de este país. Me pregunto: ¿dónde esta la verdad y la justicia de la ley que hoy habla de la restitución de la tierra?
Definitivamente estamos montados en unas conversaciones de paz que desde luego tienen que ver con decisiones políticas para el futuro de un país que está harto de violencia y de dolor. Lo grave es que se están convirtiendo en propósitos de política electoral, con lo cual se pueden trastocar los verdaderos intereses nacionales y el bien común de los ciudadanos. Las posiciones extremas en que se debaten los temas solo ayudan a enrarecer el ambiente y confundir más a los colombianos. La mejor senda es la de encontrar caminos medios que nos lleven a todos en paz.









