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Lunes 17 de Julio de 2017 - 12:01 AM

El colegio sin puertas

Columnista: Luis Fernando Rueda

Los compañeros de colegio son esos amigos eternos que, como los hermanos, uno no los escoge, el destino nos concede la fortuna de, simplemente, tenerlos. Y con ellos se configura una especie de alianza secreta, sin pretensiones ni vanidades, porque forman parte de esa amistad sincera que solo resulta auténtica en los años de la infancia y la juventud temprana.

Resulta maravilloso observar el reencuentro de los amigos, ya con las huellas que va dejando el paso del tiempo, fundiéndose en abrazos, saludándose efusivamente y riendo a carcajadas, como si los años nunca hubieran pasado. Allí no importa si se es rico o pobre, si se tuvo éxito o se fracasó, si se llega en carro o a pie, las cargas de la vida no caben cuando el reloj marcha atrás y nos devuelve, por unos instantes, a lo básico.

El Instituto Caldas, en una de las múltiples actividades que ha programado para conmemorar los 65 años de su fundación, convocó el miércoles pasado a los egresados de las promociones más “viejitas”, comprendidas entre 1971 y 1989, a compartir un almuerzo de compañeros como una forma de acercar el colegio a sus exalumnos. Quienes asistimos tuvimos la oportunidad, no solo de estar con el grupo de la misma promoción de bachilleres, sino con los demás.

Resultó reconfortante ver que la mayoría todavía mantiene ese sello distintivo de quienes pasamos por sus aulas y que, de alguna manera, marcó una época. La impronta que dejó don Carlos Gómez Albarracín, un librepensador por antonomasia, es una de esas características que siempre distinguió al colegio fundado por dos seres adelantados y excepcionales, Armando Puyana Puyana y Alfonso Gómez Gómez. Su obra, sin lugar a dudas, resiste hoy los embates del tiempo.

Del colegio que no tenía puertas que lo encerraran, que me marcó para siempre, marcha hoy, sin tanto marketing, entre los mejores de la región. Atiende a un sector de la población, de estrato medio, que se beneficia de su proyecto educativo el cual se ampara desde la Unab. Sus fundadores pueden descansar hoy con absoluta tranquilidad.

Autor:
Luis Fernando Rueda
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