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Lunes 24 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Y no pasa nada

Columnista: Luis Fernando Rueda

La historia del Parque Extremo, localizado en el barrio San Martín, es ese tipo de relato que, de tanto repetirse, ya no produce asombro. No puede ser posible –pero en este país lo es- que hayan pasado tres administraciones, más un alcalde encargado, y este escenario siga generando noticias no precisamente porque allí se rompen récords deportivos.

Siete mil millones de pesos invertidos en su construcción, sobrecostos que triplicaron su valor inicial, cuatro largos años de incumplimientos en la entrega de las obras cuando los cálculos estaban proyectados para cinco meses, escaso presupuesto para su mantenimiento, condiciones inapropiadas de seguridad y, para completar, un diseño de la pista de bicicrós que, según la comisión técnica de la Federación de BMX, no cumple con las especificaciones para que allí se lleve a cabo un campeonato nacional, son el rosario de perlas que ha malogrado un escenario que pareciera estar condenado al fracaso.

Lo peor es que no ha pasado, pasa muy poco y no pasará nada más allá de los titulares de prensa que, cada tanto, surgen por su cuenta. Si uno revisa la historia encuentra que, para consuelo de tontos, esa es la regla y no la excepción. Si uno devuelve la película dos décadas atrás, se acuerda de obras faraónicas como el abandonado Coliseo Poli funcional, que luego mutó a plaza de toros, el cual hoy solo sirve para hacer un par de mega conciertos al año. A ese elefante blanco no le alcanzó la plata para pavimentar las vías de acceso ni para construir un parqueadero decente.

Y si adelantamos la cinta aparece un caso insólito para el visitante: un intercambiador al cual se le atravesó un bosque de árboles dentro de un colegio y hasta ahí llegó la obra. ¿Y en qué cárcel están pagando condena los que han venido esquilmando el erario a punta de improvisaciones y adiciones presupuestales porque todo queda -vaya cosa- mal diseñado? En ninguna, todos se van a vivir a un conjunto del cual mejor no digo su nombre para no ofender a quienes sí han hecho su patrimonio a punta de trabajo honrado.

Autor:
Luis Fernando Rueda
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