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Lunes 31 de Julio de 2017 - 12:01 AM

Diáspora en Venezuela

Columnista: Luis Fernando Rueda

A la hora que se escribe esta columna no se conocen los resultados de la necia constituyente oficialista en Venezuela. Dos días antes una huelga nacional convocada por la oposición elevó la tensión en el país petrolero y la frontera con Colombia vio incrementar el número de patriotas intentando cruzarla. Cerca de 560 mil venezolanos han pedido la tarjeta fronteriza.

Los bumangueses no nos podemos abstraer de los acontecimientos políticos del hermano país. Mientras que los vecinos luchan por recuperar la democracia, esta ciudad se ha convertido en estación de miles de venezolanos que van de paso, buscan refugio o quieren encontrar una oportunidad de trabajo por culpa de la vergonzosa tragedia a la cual es sometido el bravo pueblo a manos de la dictadura chavista.

Hoy es común ver jóvenes apostados en los semáforos, haciendo piruetas mientras arañan algunas monedas, cuyo distintivo es la emblemática gorra tricolor con las estrellas cruzadas, o detectar el acento venezolano en algún empleado de cafetería o peleando un lugar en la economía informal mientras vende artículos en la calle.

Voceros de grupos organizados de venezolanos en Bucaramanga calculan que pueden ser más de 15 mil los “patriotas” que circulan actualmente por la capital santandereana. Una profesora universitaria, al día siguiente de haber ayudado en una jornada de solidaridad con sus compatriotas más necesitados, comentó que le llamó la atención haber visto un número cada vez mayor de inmigrantes que llegaron hasta aquí pues, según ella, esta era la segunda ocasión que realizaban este tipo de actividades y las caras no eran las mismas.

Duele ver de qué manera el hambre agobia a su población. Uno de cada tres niños sufre de desnutrición. Venezuela vive su diáspora. Hace cuatro décadas los venezolanos, con una economía boyante, recibieron a miles de colombianos que se fueron a su país a buscar fortuna. Eso no se puede olvidar. Es hora de que se fije una política pública local que atienda las necesidades más apremiantes de esta población. No es sólo ir a buscar ilegales en el restaurante de Alba Pereira o perseguir prostitutas en los bares de la ciudad.

Autor:
Luis Fernando Rueda
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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