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Lunes 04 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

¿Partidos vergonzantes?

Columnista: Luis Fernando Rueda

“La gran fortuna y la gran desgracia de Colombia ha sido que no ha sido un país serio”. La cita es del escritor Ricardo Silva Romero, en su último libro ‘Historia oficial del amor’, un recuento de los hechos que, durante el último siglo, marcaron el destino de nuestro país. Y nada más acertada esa premisa para entender los últimos acontecimientos de la actualidad nacional. De un lado la estrategia de acudir a las firmas para inscribir candidaturas pone de manifiesto unos partidos políticos vergonzantes.

Silva Romero, en su visita la semana anterior a Ulibro, planteaba la exigencia que hay que hacerles a la treintena de precandidatos y candidatos que, a la fecha, han mostrado intenciones de aspirar a la Presidencia de la República, sobre quién va a responder por lo que se ha hecho a nombre de los partidos.

¿Abandonan su casa por esquivar el desprestigio?, ¿es la muestra de una nueva y vigorosa democracia?, ¿seguimos pensando que a este país solo lo puede salvar un caudillo respaldado por rúbricas? Ese auge puede ser visto también como una forma de hacerle trampa a la ley. Cuando se acude por medio de un grupo significativo de ciudadanos se tiene el doble de tiempo y recursos para adelantar campaña.

“Quienes aspiran por firmas tienen seis meses más de campañas, con los eventos, caminatas y reuniones con la comunidad que realizan mientras consiguen respaldos. Por esta evidente ventaja hay candidatos que, aunque reconocidos por su militancia en alguna colectividad, prefieren no solicitar el aval”, reseñaba El Espectador en marzo 18 de 2015.

Por eso en esta piscina a la cual, quienes deciden lanzarse no se quieren mojar a nombre de un partido, resulta vital darle la importancia que se merece al hecho de firmar para respaldar una aspiración. No es entonces cualquier aval. Porque –volviendo a Silva- “político no es quien gobierna sino quien conspira, trama”. Y ejemplos hay muchos. Después no habrá tiempo para quejarse, al fin y al cabo, la historia demuestra que cada pueblo tiene los gobernantes que se merece.

Autor:
Luis Fernando Rueda
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