Lunes 10 de Septiembre de 2018 - 12:01 AM

Dosis mínima, debate máximo

Columnista: Luis Fernando Rueda

Apenas el presidente Iván Duque, cumpliendo con una de sus promesas de campaña, presentó el borrador del decreto que propone incautar cualquier tipo de sustancia, como marihuana, cocaína o derivadas de esta última, entre otras drogas consideradas ilegales, a pesar de que no exceda la dosis mínima, las voces a favor y en contra no se hicieron esperar.

Por un lado, quienes aplauden la iniciativa validan sus argumentos a partir del establecimiento de mano dura contra todo lo que represente venta y consumo de estupefacientes dentro de una modalidad delictiva que va creciendo frente a nuestras narices: el microtráfico. La propuesta busca disminuir el consumo de drogas en el país. En esa línea, las autoridades podrían decomisar y destruir la sustancia que porte la persona sin que esto le traiga medidas penales.

El soporte de esta iniciativa se basa en normas establecidas en el Código Nacional de Policía y Convivencia: preservar la tranquilidad de la comunidad, protección de los menores así como prescripción de porte y consumo en aglomeraciones de público, por mencionar algunas. Resulta pertinente recordar que en Colombia la Corte Constitucional, por medio de la sentencia C-221 del 5 de mayo de 1994, despenalizó la dosis personal en Colombia.

Del otro lado están quienes rechazan esta propuesta por considerarla regresiva. En esta orilla hay una lucha ganada por la individualidad y el libre desarrollo de la personalidad a partir de la famosa sentencia. Para ellos, los consumidores no pueden ser ubicados en la misma categoría que los criminales. El Estado, investido de autoridad, debe perseguir es a las personas que inducen menores de edad para volverlos consumidores y a todos los eslabones que, de ahí para atrás, pertenecen a la cadena del narcotráfico.

El debate no se puede tornar entonces en si resulta pecado fumarse un porro o no, porque cientos de miles de amigos “recreativos” terminarían quemados en el fuego del infierno.

Hay que sacar la discusión del espacio de la moral pública y encauzarla como una oportunidad de construir una verdadera política pública que permita abordar el problema desde todos los matices.

Autor:
Luis Fernando Rueda
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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