Publicidad

Luis Pinilla Pinilla
Jueves 05 de julio de 2012 - 12:00 AM

El fin de la historia

Publicado por: Luis Pinilla Pinilla

Compartir

Es el título del libro donde Francis Fukuyama hace una proyección sobre la evolución hacia el fin de las ideologías. La obra, escrita en el verano de 1989, advierte cómo la democracia liberal va venciendo todas las ideologías rivales, el comunismo la más reciente. Lo cierto es que el Muro de Berlín cae en el otoño de ese año, 9 de noviembre; el derrumbe de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, con la independencia de las quince repúblicas que las conformaban, se inicia en 1991; hechos que determinaron el fin del comunismo como sistema de gobierno. Realidad que solo los Castro y los Brochávez se niegan a reconocer, en aras de sus mezquinos intereses personales de perpetuación en el poder, el poder absoluto.

Hace pocos días los medios de comunicación le dan cabida a Fukuyama, seguramente impulsados por la profunda crisis política por la que atraviesa el mundo hoy, ante la carencia de liderazgo de sus gobernantes y, consistente con lo político, el derrumbe económico que amenaza con terminar, no solo con el euro, sino con toda la estructura de la Unión Europea, pieza clave dentro de otro principio de la modernidad, el de la globalización.

Problemas que se deben “a una aplicación incompleta de los principios gemelos de libertad e igualdad, en los que se funda la democracia moderna, más que a una falla de los principios mismos.

Si bien algunos países actuales pueden no alcanzar una democracia liberal estable, y otros pueden recaer en formas primitivas de gobierno, como la teocracia o la dictadura militar, no es posible mejorar el ideal de democracia liberal”, repite Fukuyama 23 años después.

A lo mejor, guiado por esta realidad, unos 25 años antes que Fukuyama, el politólogo estadounidense Robert A. Dahl introdujo a la ciencia política el término poliarquía para referirse a los regímenes políticos que se fundamentan en los principios de libertad e igualdad, y en la definición de Abraham Lincoln: “el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Dahl deja el término democracia como un objetivo, tal vez una utopía, a la cual deben aspirar los regímenes.

Consecuente con el pensamiento de Dahl, en 2007 Fukuyama observa: “… los humanos poseen derechos naturales como individuos en el estado de naturaleza. Derechos que solo pueden garantizarse por medio de un contrato social que evite que la satisfacción del interés individual perjudique a los demás”. Lo ideal no existe, empezando porque cada quien tiene el suyo, y por ende a todos nos corresponde su construcción, ahora y por siempre; buscando “lo mejor de lo posible”, en palabras de Aristóteles.

Publicidad

Publicidad

Tendencias

Publicidad

Publicidad

Noticias del día