Publicado por: Luis Pinilla Pinilla
Luego de leer la sentencia de la Corte Constitucional sobre las invasiones en Los Molinos en Bogotá y su afirmación sobre el derecho a la vivienda sobre otros derechos en la tenencia de la tierra, recordamos nuestra experiencia en Barrancabermeja hace 40 años. Duele ver cómo las condiciones sociales en nuestro país no han cambiado y continúan los pobres con el mismo dolor de ver destruir su vivienda.
Aquí como allí: “Olía a dolor. No veía las mismas casas, pero aparecían otras con palos y muros de latas de aceite, cartones y fragmentos de plástico negro, asegurados con tapas de cerveza” (Sonia).
Entonces buscábamos un orden de valores adecuado; hoy nos llena de alegría que, pese a ser el tercer país más desigual de la tierra, sea nuestra Corte Constitucional la que se pronuncie, en ponencia de mi hermano Nilson, a quien abrazamos, sobre este sagrado derecho a “una vivienda digna”, base sin lugar a dudas de una vida humana y cobijo para la construcción de una familia.
Ante la llegada de un papa que pide una Iglesia pobre para los pobres, dice Antonio José Sarmiento S.J.: “…qué inmensa responsabilidad la que tiene ahora el papa Francisco, descalzar a la Iglesia, alejar la pompa y los rituales fríos, y caminar detrás de Jesús, con toda la humanidad, por las más saludables rutas de vitalidad, de encuentro fraterno, de estilo solidario, de servicio a todos, pero siempre prefiriendo a los últimos, a los entristecidos, a los destechados, para que se configure el ser humano nuevo que está plenamente expresado en Jesús.
Pensemos en el asunto central del sentido de la vida, en el legítimo derecho que tiene todo ser humano a que su existencia valga la pena, en las aspiraciones de felicidad y plenitud, también en nuestra precaria condición que a menudo nos hace errar, demos una vista crítica a todo lo que maltrata la humanidad.”









