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Jueves 17 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

“A quién engañas abuelo”

Columnista: Luis Pinilla Pinilla

Interroga Arnulfo Briceño al abuelo: “yo se que tu estás llorando,/ ende que taita y que mamá/ arriba tán descansando;/ nunca me dijiste como,/ tampoco me has dicho cuándo,/ pero en el cerro hay dos cruces/ que te lo están recordando./… Me dice Chucho el arriero,/ el que vive en los cañales,/ que a unos los matan por godos/ y a otros por liberales,/ pero eso que importa abuelo,/ entonces que es lo que vale,/ mis taitas eran tan güenos,/ a naide le hicieron males,/ solo una cosa compriendo,/ que ante Dios semos iguales.”

Se refiere Briceño a la violencia partidista que termina con el Frente Nacional, pero cuyas secuelas revierten en violencia bandolera, violencia guerrillera y luego, una a una, en las diversas modalidades de violencias, que en diversas ocasiones han sido relatadas, hasta llegar a las bacrim de hoy y a las violencias que azotan cualquier barrio o vereda e incluso en el mismo entorno familiar.

Sumiéndonos en un nivel de intolerancia tal que en el mes de marzo registra Semana: “Un hombre coge a balazos una buseta porque obstruye su paso cuando para a dejar un pasajero. Los hijos de un ex militar y de un ex policía tienen un altercado después de una fiesta, que termina con la muerte a puñaladas de uno de ellos. Un estudiante acuchilla a otro hasta la muerte porque le dio un cigarrillo a su novia. Lo que empieza como una pelea por una toalla termina con un hombre muerto de cuatro tiros en un sauna. Este es apenas un puñado del sinnúmero de episodios que han ocupado los titulares de los medios en Colombia en las últimas semanas, que empiezan a generar la sensación de que la intolerancia y la violencia reactiva o fortuita están creciendo en el país.”

Dentro de este registro de violencias está el caso de El Bolillo Gómez, entrenador de la Selección Colombia; en la madrugada sale de un bar y la emprende a golpes contra su dama acompañante, ocasionando tal repudio ciudadano que se ve obligado a renunciar a la Selección. Pidió perdón a su esposa, a su mamá y demás mujeres de su familia. “Me emborraché y la embarré, pero me han dado duro… Se que me equivoqué y se que une asume sus consecuencias, como lo estoy haciendo ahora”, dice El Bolillo, en una actitud aleccionadora. Eso sí, teniendo siempre presente “que la paz jamás es una cosa del todo hecha, sino un perpetuo quehacer” (Gaudium et spes)

Autor:
Luis Pinilla Pinilla
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