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Jueves 24 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

“Compartimentos de un armario de mujer”

Columnista: Luis Pinilla Pinilla

Es el título de la obra literaria y pictórica de Sonia, cuyo lanzamiento hace este jueves 24 en la Casa Santander; las siguientes son sus palabras en el acto de presentación.

Haber conocido el Magdalena Medio Santandereano, haber vivido, soñado y luchado en ese mundo mágico en el que la exuberancia de la naturaleza se mezcla con la impotencia y la tenacidad del hombre, desató una fuerza interior que pugna por hacer visibles imágenes, valores, sentimientos que por intangibles no son menos reales que sus selvas. La palabra, la luz, el color, me han permitido viajar por dimensiones que constituyeron un mundo nuevo cuyo mapa he querido descifrar. El viaje a lomo de Yuma, en medio del dolor de aquellas personas que me mostraron un país diferente, una lucha humana sin tregua, un pedazo de tierra especialmente golpeada por la violencia, ha cambiado nuestra vida. Y digo nuestra, porque esa tierra que dio el mayor dolor de su vida a Luis, también fue fuente de vida y ganas de seguir viviendo, convencidos de que las esperanzas y los sueños van más allá de lo meramente material y nos jalonan al infinito.

Al encontrarse con aquel Gran Río de la Magdalena los colores la aturdían; un sol brillante reflejaba, como en un enorme espejo, toda la claridad del universo, nunca había conocido otro igual. Las mujeres espigadas, a pesar de la abundancia de sus carnes, se desdibujaban en medio de la luz. Solo los negros aparecían como pequeñas noches, donde las gotas de sudor titilaban como estrellas sobre sus espaldas. Pasaban carretillas de verdes plátanos y refulgentes pescados que al atardecer, a los ojos bien podían aparecer como vestidos de luces para una corrida o brillantes aderezos para falsas noches de salón. Nada era claro, no podía ver pero sabía que tras el exceso de color y la aparente vitalidad se ocultaban mundos ignorados y eran los que quería conocer.

El camino no terminaba allí, subía fatigada la loma y en un pequeño cuarto, cuyo piso era la tierra semejante a una mullida alfombra roja, escuchó un agudo llanto que provenía del suelo; al voltear a mirar, vio a un niño tirado sobre unos periódicos, que acababan de recibirlo del vientre de una mulata. Salió sonriendo de allí, se sintió de nuevo acompañada y, a pesar de la ironía, ver florecer la vida, hacía más fecunda la suya. Era como haber recorrido un oscuro túnel, al final del cual encontraba una luz que le permitiría continuar su búsqueda.

Autor:
Luis Pinilla Pinilla
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