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Jueves 08 de Diciembre de 2011 - 09:04 AM

¿Qué sigue después de tanta muerte?

Columnista: Luis Pinilla Pinilla

Ver el asesinato infame de cuatro seres humanos y la salvación del sargento Erazo a quien la valentía y el sentido espiritual que le dio a su tragedia lo salvó, hace recordar a Víctor Frank, científico austriaco quien en los horrores de Auschwitz se redimió ayudando a otros y siguió buscando respuestas después de la guerra: “Fue entonces cuando apreendí el significado del mayor de los secretos que la poesía, el pensamiento y el credo humano intentan comunicar: la salvación del hombre está en el amor y a través del amor. Entendí la verdad de que el amor es la meta última y más alta a que puede aspirar el hombre.  Comprendí cómo el hombre, desposeído de todo en este mundo, todavía puede conocer la felicidad. Cuando el hombre se encuentra en una situación de total desolación, sin poder expresarse por medio de una acción positiva, cuando su único objetivo es limitarse a soportar los sufrimientos con dignidad, ese hombre puede realizarse en la amorosa contemplación de la imagen del ser querido. Lo que importa no es tanto que la vida de una persona esté llena de dolor o de placer, sino que esté llena de sentido.” Hoy lo vemos en el valor asumido por las víctimas.
Me pregunto  hasta cuándo seguiremos indiferentes ante la muerte ¡Hace 63 años perdí a mi padre en un crimen sin sentido y todavía el dolor no cesa! Hoy los niños siguen perdiendo a los suyos, el horror continúa. El ser humano nunca puede eludir tomar una decisión al respecto. Es hora de comenzar a valorar la vida. No es problema solo de cultura, ni de los otros, es una obligación personal desde el fondo de nuestros corazones; desde el trato familiar en nuestros hogares y trabajos. Se desvaloriza la vida desde antes de nacer, legalizando el aborto, o cuando se propone al Congreso legislar para permitir “una muerte digna”. No tardaría la legalización de la eutanasia cuando “los ancianos y enfermos se conviertan en un problema para la familia y la sociedad”, olvidándonos de nuestra finitud y que en el sufrimiento realizamos lo más humano del ser humano, sentimos, maduramos, crecemos más allá de nosotros mismos y nos unimos con aquellos que necesitan de nosotros para superarlo. Incluso cuando nos encontramos sin remedio y sin esperanza, enfrentados a situaciones que no podemos modificar, estamos llamados y se nos pide que cambiemos nosotros mismos para construir el amor.

Autor:
Luis Pinilla Pinilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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