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Jueves 12 de Enero de 2012 - 12:01 AM

La precisión de las palabras

Columnista: Luis Pinilla Pinilla

Leyendo el libro “El conflicto armado en Santander. Historia del Paramilitarismo”, escrito por Juber Ariza, empiezo por trascribir palabras de Horacio Serpa en su presentación: “Esta es una obra para leer, para hojear, para pensar en el pasado, pero sobre todo para avanzar en la construcción de un mejor futuro para todos. Nos merecemos vivir en paz. Nuestra voluntad es permitir que de la tierra manchada con la sangre de los inocentes brote la vida y nos maravillen sus frutos. Gente honesta, culta, trabajadora, pacífica y orgullosa de vivir en Santander. Una tierra brava, hidalga, valerosa, bendecida por la naturaleza, donde hemos decidido ser felices y amar la democracia”.

Juber concluye su obra: “La historia del paramilitarismo en Santander ha significado una dolorosa tragedia humanitaria. La obligación de las nuevas generaciones es construir sobre lo construido, avanzar en la búsqueda de la convivencia y en el afianzamiento de la seguridad; aprender las lecciones que ha dejado la violencia y cerrar el capítulo sangriento del paramilitarismo y las guerrillas; para que los hechos que estas organizaciones ilegales protagonizaron nunca vuelvan a repetirse y se pueda garantizar que la acción del Estado lleve a la reparación de las víctimas, al surgimiento de la verdad y al imperio de la justicia, para que no haya impunidad y los colombianos podamos reencontrarnos y vivir sin odio”.

Como víctima que fui de la violencia partidista y como analista y copartícipe en la construcción de la paz, no puedo menos de compartir estas invitaciones a ello: “A construir la paz”, porque la paz, sobre todo después de toda una vida de violencias, hay que construirla día a día, incluyendo el perdón, que va más allá de indultos y amnistías, con el perdón que brota del corazón y que solo requiere del arrepentimiento.

En cuanto a la precisión de las palabras, en alguna oportunidad, en clase de coyuntura política de la Universidad Sergio Arboleda, en la Escuela Naval en Cartagena, al mencionar el término “paramilitarismo”, oficiales de la Armada me enseñaron que para ellos el término paramilitar es insultante por cuanto “para” es un prefijo que implica colaboración, participación, equivalente al término paramédico o tantos más. Desde entonces y en contribución, así sea simbólica, a la construcción de la paz, hablo de autodefensas ilegales o paracos; al igual que tampoco hablo de guerrilleros, evitando su “legitimación”,  sino de terroristas en que devinieron Farc, Eln y demás grupos derivados de ellos. Lo anterior como una invitación a precisiones en el lenguaje, que en alguna forma contribuye a construir la paz.   

Autor:
Luis Pinilla Pinilla
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