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Jueves 26 de Enero de 2012 - 12:01 AM

¿Desalojos?

Columnista: Luis Pinilla Pinilla

En Barrancabermeja, 40 años atrás, mis ojos vieron de cerca la lucha por un pedazo de tierra, cuando ni el pan diario era seguro. “…empezó a recorrer los barrios que giraban alrededor del Puerto. Olía a dolor, las calles para las que el único pavimento era la oscuridad de la noche, estaban tan destrozadas como las normas que le habían servido de parámetros hasta entonces. No veía las mismas casas, pero aparecían otras con muros de latas de aceite, cartones y fragmentos de plástico negro, asegurados con tapas de cerveza, que semejaban constelaciones. Dentro se oía el rumor de la vida, luchando por serlo.” Libro Sonia. Hoy la vida nos lleva a ver la misma miseria ya no sobre las barrancas bermejas, sino en la ciudad capital del país, carente de oportunidades para una vida digna.

Con los ojos atónitos vi por T.V. cómo las Caterpilas como se llaman en mi tierra, con sus fauces feroces destruían el trabajo de años, de muchas familias que con el sudor de su sangre habían construido con la esperanza de una legítima posesión, ante una promesa de venta, otorgada por aquellos nuevos Mateos, así se llamaba el negociante de aquel barrio en el que 40 años atrás luchamos por mitigar el dolor. Hoy de nuevo negocian con el dolor y los sueños. El desalojo se da no solo por las violencias que vivimos; diariamente 300 familias son desalojadas por la banca privada y en los últimos 10 años 1.400.000 familia han perdido su casa por la misma razón. ¿Qué diremos entonces de aquellos cuya única ayuda es el sacrificio diario para comprar el ladrillo o la teja que le permiten ir construyendo abrigo para los suyos? Recuerdo como cargaban sobre sus hombros, la teja, o el palo necesitado. Celebramos que la decisión de la Corte Constitucional y anhelamos sea el comienzo de una solución a tanto dolor e ignominia y no se repita lo que nos dice el poema de Luz Maldonado F.

 “No estoy segura,...creo que fue ayer. Quedaron sin nada. Perdieron su techo, trastos viejos, ¡todo! No sé dónde habrán ido, estaba la abuela, ya postrada en la cama… ¿De los niños? tampoco sé, eran, siete hijos por ahí, dos mayores y los demás pequeños. El padre, recolector de cartones por las noches, la madre, medio enfermiza, enclenque, deambulaba por las calles, vendiendo cosas, para sobrevivir. Llego la autoridad les echaron a la calle, lloraron, les imploraron, pero no, no tuvieron ninguna compasión. Y, no sé, creo que fue ayer… Les desalojaron y se fueron, con sus pocas pilchas.”

Autor:
Luis Pinilla Pinilla
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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