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Jueves 29 de Marzo de 2012 - 12:01 AM

Adalides de la paz

Columnista: Luis Pinilla Pinilla

En atención a preguntas de lectores de mi artículo anterior, una relación sucinta de actuaciones en pro de la construcción de la paz de los presidentes mencionados allí.
El Presidente Guillermo León Valencia, 1962-66, dio fin a las violencias bandolera y guerrillera, secuencias de la violencia partidista, extinguida con los acuerdos del Frente Nacional; por ello a Valencia se le distinguió con el título de Presidente de la Paz. No obstante, en virtud de la política de “exportación de la revolución” de Fidel Castro, es el mismo Valencia quien alerta sobre la aparición de una nueva modalidad de violencia, “organizada y financiada desde el exterior”, la violencia guerrillera, inicialmente con el Eln y las Farc. Fidel participó activamente en el “bogotazo” del 9 de abril, quien tenga duda sobre ello, léase la autobiografía de Gabo, su amigo, “Vivir para contarla”.

El segundo presidente, Misael Pastrana, 1970-74, enfrentó a Farc y Eln, a este con bastante éxito en la Operación Anorí, en tal forma que le permitió decir: “se ha extinguido al Eln”. Vino el cambio de gobierno y el presidente Alfonso López “le comió cuento” a los elenos y ordenó al Ejército replegarse, volviendo de inmediato el Eln a su querencia del Magdalena Medio, acompañándonos con su violencia hasta hoy. Fueron varios los artículos que en su columna Clepsidra de El Tiempo, escribió ya retirado el General Álvaro Valencia, entonces Comandante de la 5ª. Brigada, a la que le correspondió la operación Anorí, criticando lo desacertada de la orden del presidente López.

Belisario Betancur, Presidente 1982-86, invitó a los grupos subversivos al diálogo. Convencido de que la violencia trasciende las fronteras, ideó el Grupo Contadora, con la participación de México, Venezuela y Panamá; Contadora logró la desmovilización de los grupos insurgentes en Centro América. En cuanto a Colombia, se desmovilizaron Ado, Epl, Prt, Quintín Lame; el M-19, pese a su barbarie del Palacio de Justicia, se desmovilizó después. Sobre lo demás, dice Betancur, ya expresidente: “La libertad, constitutivo primordial de la paz,  desaparece cuando las relaciones se establecen sobre la prevalencia del más fuerte, sobre denominaciones ideológicas, sobre ‘terrorismos’ que invocan la justicia como pretexto para intensificar los conflictos y desencadenar la guerra. Así la paz y la libertad sólo pueden ser resultado del respeto y la justicia, y estas comprenden la comprensión y el discernimiento, fruto de la información y de la comunicación. La construcción de la paz no es, tampoco, efecto de decisiones histéricas ni obra de carpintería, sino tejido minucioso de filigrana, tenue parsimonia de orfebrería.” Lo cual me invita a terminar esta columna como terminé la anterior: la paz, magno ideal, es misión de todos y por siempre.

Autor:
Luis Pinilla Pinilla
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