Miércoles 19 de Junio de 2013
Manolo Azuero
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Domingo 24 de Junio de 2012 - 12:01 AM

Debería ser simple

Autor: Manolo Azuero

Debería ser simple, la vida es sagrada. Pero no, en las calles de Bogotá vale un celular. Hace ocho días fue Juan Guillermo, el amigo de mi hermano, el abogado brillante. Lo mato un país que nos duele en las entrañas. Su luz la apagó una historia que se repite una y otra vez como si no fuese un disparate. Pedir justicia es elemental, otro desatino más sería la impunidad. Ahora, no puede cesar allí la indignación. En Colombia donde lo absurdo se confunde con lo normal, la moraleja debe trascender más allá de una condena judicial.


¿Que caminar de noche en Bogotá es imprudente? ¿Qué Juan Guillermo ‘dio papaya’? Me niego a aceptar tal comentario. La necedad no es de quien camina en las calles de su ciudad, a la hora que le venga en gana. Lo inconcebible es que no se pueda hacer, que Bogotá este corroída por el delito, y los delincuentes sean premiados en un mercado negro que funciona como el más legal de los negocios, a los ojos de todos. Si la sociedad no se rebela contra la ilegalidad los homicidios persistirán. Aquí las instituciones y los ciudadanos saben bien dónde se venden los bienes robados, ‘el celular de Juan Guillermo’. Si el Estado no decide desmantelar las mafias, y la gente insiste en adquirir elementos hurtados, el crimen se mantendrá incólume. Por suerte caerán algunos de sus actores, pero el sistema seguirá campante. En memoria de Juan Guillermo la legalidad nos debe convocar a todos. No puede seguir Colombia arrodillada ante el delito, ni debe permanecer sumergida en la desigualdad social. ¿Cambio de tema? No, Juangui murió víctima de la ilegalidad, pero también de un mal que hace décadas padece este país, y que bien describió su madre Emilita: una juventud sin esperanza.


El Colegio que se cae, el desayuno que faltó, el hogar sin padres, la casa de madera, la droga y el alcohol. Piezas de una crónica triste, que encierran la vida de miles de jóvenes colombianos. De jóvenes como esos que sin parpadear, sin mayor dificultad, le quitaron la vida a Juan Guillermo. Pedir justicia penal a los que cometieron el delito es un deber. Clamar justicia social para quienes están en el límite de ejecutar estas atrocidades es una obligación. Como lo señaló Emilita con profunda sabiduría: El golpe más contundente a las fuerzas del mal – que le arrebataron a su hijo - sería darle oportunidades de verdad a la juventud nacional, que hoy no las encuentra.


Descanso en paz a Juan Guillermo, fuerza espiritual a su familia y amigos, reflexión y recogimiento para el país. La vida no puede acabarse “a destiempo y por razones sin razón”. Twitter @ManoloAzuero


**Honorio Galvis, Bernabé Celis, Jaime Duran, Doris Vega, Mauricio Aguilar, Edgar Goméz, senadores Santandereanos que aprobarón el adefecio de Reforma a la justicia. No olviden sus nombres.

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