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Domingo 29 de Noviembre de 2015 - 12:01 AM

La depresión del sur

Columnista: Manolo Azuero

Ciudad Norte y la comuna 14 albergan decenas de asentamientos y barrios precarios desde hace décadas. En la narrativa local se reconocen como focos de pobreza, de extrema pobreza en algunos sectores. Menos conocido, a pesar de su gravedad, es el caso del sur.

A espaldas de Provenza, entre Cristal Alto y el Dangond, en la frontera con Floridablanca, en una depresión que la ocultó, Bucaramanga vivió durante los últimos 12 años una absurda explosión urbana. Diversos asentamientos se asentaron en la escarpa y sus vulnerables residentes ya se cuentan por miles, algunos entre estoraques, a merced de la erosión. Un recorrido y una simple comparación, entre una foto satelital del sector del año 2002 y otra actual, cuentan bien la crisis de esta zona. Una mancha verde fue sustituida por cientos de casas de baja calidad, algunas en riesgo por deslizamiento que se acomodaron en el territorio sin ninguna estructura urbana de por medio. Nadie se preocupó por el espacio público, por el equipamiento comunitario, por la protección ambiental y por el acceso oportuno a los servicios públicos y al transporte masivo.

Acaso, porque son pobres, ¿todo eso no importa?

El Estado llegó cuando el problema ya había echado raíces y la solución se tornó compleja -como la del Norte y la 14-. La tardía intervención, que ahora pasa por legalizar los barrios, llevar las redes de servicios e invertir en obras de mitigación e infraestructura básica, aunque permite sobrevivir “mejor” no resuelve la situación de fondo.

La depresión del sur, como el eje del río de Oro que comentamos la semana pasada, fuera de advertir que hay que planificar el desarrollo de manera más eficaz, exige una ambiciosa inversión para lograr una transformación real del diario vivir, de la convivencia y la experiencia urbana, que probablemente requiera reubicar a muchas familias en viviendas dignas.

Si todos le damos la cara a esta Bucaramanga, la conocemos y la entendemos, muy probablemente nos pondremos de acuerdo en que enfocar los esfuerzos de inversión pública allí es más relevante que hacerlo en obras viales (que tantos miles de millones se han llevado). Una ciudad sin trancones para los carros particulares pero que relega a tantos a esas precarias condiciones es un verdadero fiasco.

Autor:
Manolo Azuero
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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