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Domingo 06 de Diciembre de 2015 - 12:01 AM

Ignominia

Columnista: Manolo Azuero

El gobernador de Santander, Richard Aguilar, y el alcalde de Bucaramanga, Lucho Bohórquez, cayeron en la ignominia por faltar a la transparencia en la contratación desde su primer año en el poder y ahí se quedaron hasta su ocaso y permanecerán en la historia.

Un diccionario dice que la ignominia es “deshonor, descrédito de quién ha perdido el respeto de los demás a causa de una acción indigna o vergonzosa”. La definición cae como anillo al dedo para describir el legado de Aguilar y Bohórquez en la materia. O acaso no fue indigno, tratándose de plata pública, gestionar aquella entre triquiñuelas y sombras, torpedeando la libre competencia y causando costes a una sociedad ya vulnerable.

Los resultados del Comité Transparencia por Santander y la nueva entrega de la Veeduría a las grandes obras de la Cámara de Comercio son contundentes.

El Comité encontró, a propósito de una Acción Preventiva de la Procuraduría contra la Alcaldía por asuntos contractuales, que está y su vecino de enfrente, la Gobernación, violaron - en el 100 por ciento de los casos - exigencias ahí contenidas a lo largo de este año, desde marzo.

No les provocó romper de tajo con las malas prácticas que el propio Ministerio Público advirtió y que, valga decir, el propio Comité y la prensa santandereana señalaron desde que los salientes mandamases develaron su calaña.

Los pocos oferentes, los retrasos en la ejecución y los sobrecostos, entre otras irregularidades, se consolidaron como la regla y no como la excepción. Por simple desidia, y hasta a los niños les ha tocado sufrir esta macabra forma de concebir y manejar la administración pública. Los programas de alimentación escolar no se han escapado de esta debacle ética. Tanto a nivel departamental como en la capital no cumplen con los más elementales estándares de calidad y en la etapa precontractual también se encontraron mañas, en ambos ‘palacios’ del Parque García Rovira.

Capítulo aparte, por su magnitud, son las grandes obras. De las seis sobre las que la Cámara está ejerciendo control, sólo una marcha bien. El famoso tercer carril, por ejemplo, está entre las cinco restantes. Va tarde y costará más de lo que se planificó.

Los que arrancan tendrán que revolcar esta lamentable realidad. No hacerlo sería ignominioso. @ManoloAzuero

Autor:
Manolo Azuero
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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