Viernes 08 de Diciembre de 2017 - 06:36 PM

Democratitis

Columnista: Manuel Maiguashca

Los síntomas iniciales no son evidentes de una patología. Se parecen a la condición normal: el clamor de la población en movimientos sociales y asistiendo a las contiendas electorales, un congreso congestionado en debates y un ejecutivo buscando apoyos en diferentes partidos políticos. Pero aparecen inflamaciones iniciales: la dignidad rebosada en redes sociales y sin participación en las urnas, los medios de comunicación exaltados y la retórica torpe del ejecutivo sorprendido por exclamaciones que se van infiltrando en los poros que no son institucionales, pero van haciendo metástasis hacia allá. Esa democratitis Grado I la sufren sociedades como España, con su problema con Cataluña. En un tartamudo discurso las partes se atrapan en su retórica y no logran aliviarse. Con susto de pasar a democratitis Grado II, los líderes políticos caminan en palabras escogidas con delicadeza, como trayendo guijarros para atravesar un río.

Democratitis grado II es lo que sucedió en el Reino Unido, el clamor desjuiciado se infiltró en el camino institucional y ya no hay vuelta atrás. No se atajó la inflamación y hay que amputar. Esta epidemia ya está cobrando índices altos de morbilidad. El pariente cercano a esta enfermedad, es una entidad que no parecía hacer daño, la llamada primavera árabe. Fuerza vital de la población que llevaba a cambios favorables en una zona abrumada por ideología y represión. Pero esto fue mutando y las democracias, ahora deben enfrentar esta nueva condición.

Colombia sufre una nueva condición de democratitis, es extraña y está en estudio por diferentes académicos. Los síntomas son los siguientes: el facilismo de expresión en las redes sociales con la emotividad a flor de piel, la captura del desarrollo por parte de expresiones no contemplada en el ámbito legal, pero sí efectivas en su misión (consultas a comunidades sobre proyectos sin orden alguno, consultas populares contra proyectos mineros en contra de los establecimientos constitucionales que el subsuelo es del Estado, etc), el desconcierto de la población frente a sus instituciones y el síntoma más grave, la justicia infectada. Desde hace tiempo ya los fallos de las diferentes cortes venían desbordando el ámbito de las restricciones económicas y construyendo un entorno de derechos infinitos, ahora se le suma a eso los problemas de corrupción y la incorporación de un nuevo órgano de justicia: la especial para la paz. En esta etapa aguda de democratitis los remedios deben ser oportunos y efectivos. Se anunció que el gobierno no financiará más las consultas populares ni revocatorias. Eso es acertado. Ahora hay que esperar que aparezcan liderazgos fuertes con ideas juiciosas, con método riguroso, con capacidad de plantear e implementar las reformas y sin el aspaviento de la dignidad brincona. Y cuando Colombia pase de la etapa aguda a la crónica necesita educar en menos humanismo a su población y siempre recordar que es el método científico el que más cerca siempre está del acertar. Cómo hace de falta.

Autor:
Manuel Maiguashca
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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