Viernes 16 de Febrero de 2018 - 12:01 AM

Defensores sin oficina

Columnista: Miguel Angel Pedraza

Iniciando el año nos encontramos con la remodelación de las oficinas del Centro de Servicios Judiciales de la ciudad, que presta su apoyo logístico al funcionamiento del sistema penal acusatorio. Muy bien por la obra y por el avance de la misma en corto tiempo, facilitando el acceso ciudadano a la administración de justicia.

Pero faltó algo clave, esencial para la buena prestación de ese servicio: faltó una oficina bien dotada y acondicionada para los defensores públicos, esos abogados de carne y hueso que tienen la misión de defender a los más necesitados y que a diario atienden la mayoría de casos y audiencias que se ventilan en ese congestionado sistema.

Los defensores públicos no tuvieron cupo en esa remodelación, no tienen oficina ni un espacio digno para atender a los usuarios del servicio de defensoría, quedando bien limitados para el cumplimiento de sus funciones. Ahora uno los ve por ahí en los pasillos, atendiendo de pie a sus representados al acudir a la entrevista personal de rigor, cuando no que por ahí sentados en la plazoleta adjunta al centro de servicios o al lado de los baños. ¡Penoso!

La Sala Administrativa del Consejo de la Judicatura debe tomar atenta nota de esta situación y en coordinación con la Defensoría del Pueblo, lograr la pronta adecuación de una oficina con mobiliario y equipos para que los defensores puedan realizar su trabajo con idoneidad y dignidad. Si en realidad es la defensoría pública una parte vital del sistema acusatorio, las autoridades competentes están llamadas a garantizar su oficio al menos implementando ese necesario espacio de trabajo. ¡Es lo mínimo!

Y ya que decidieron arreglar la oficina principal del centro de servicios, ojalá decidan ahora meterle mano a las salas de audiencias, las cuales están visiblemente deterioradas, en pésimas condiciones, algunas sin servicio de aire acondicionado, otras con los micrófonos dañados, casi ninguna con servicio de video, otras con sillas en mal estado, en fin. En eso también consiste lo que llaman “la majestad de la justicia”. ¡Atentos!

Autor:
Miguel Angel Pedraza
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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