Martes 22 de Mayo de 2018 - 12:01 AM

Votos y vetos del amor

Columnista: Mónica María Moreno Mesa

Estamos en una época en la que hablar de política es un problema. Todo lo que uno diga, frente al público equivocado, puede ser usado en su contra. Pero no vine a hablarles de política, esta vez voy a hablarles de amor… y de política. Ya verán:

Días atrás, recibí un mensaje de una gran amiga. Esa que pese al fracaso de su primer matrimonio (por cachos) había dado otra oportunidad al amor. Por fin encontró lo que para ella era el hombre perfecto: trabajador, divertido, atento y aficionado a las donas con tinto como ella. Y como si fuera poco se entendían bien en la cama y fuera de ella... Estaba realmente feliz.

Pero llegó la recta final de la campaña presidencial y coincidencialmente, la relación también pasó a otro plano: el de conocerse más. Tal vez por prudencia, tal vez por miedo, y porque temían dañar la magia del amor, no habían tocado el tema de la política, que en esta época daña hasta los peores momentos, que ya es mucho decir.

Organizaron una cena con sus buenos amigos. Todo era perfecto. Las parejas coincidían en el gusto por el vino, la comida asiática y la salsa para bailar. Cuando ya cargaban con más de una copa en la cabeza uno de los presentes dijo: “Sería terrible que X (así lo vamos a llamar para no entrar en debates) quedara de Presidente”. Y ahí se armó Troya.

Los dos estaban sentados en polos opuestos. Y parece que irreconciliables. Después de que la discusión perdió su norte, y cada uno defendía a su candidato, apoyado por sus amigos, el susodicho tomó sus cosas y se fue.

Pasaron uno y varios días, y no llamó. Ella le mandó un mensaje al chat. Y como dicen, la dejó con los chulos azules, en visto. Entonces, siguiendo la mala costumbre que tenemos las mujeres de no saber perder y evadir la realidad, lo llamó. Él contestó para decirle: “Eres la mujer perfecta, pero nunca podría tener nada serio con alguien que defienda los intereses de Y”. Colgó, y a pesar de su tristeza, pensó lo mismo.

Hay diferencias irreconciliables. Y así, ¡colorín colorado! otra historia que esta polarización ha acabado.

Autor:
Mónica María Moreno Mesa
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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