Martes 07 de Agosto de 2018 - 12:01 AM

El arte de ser tía

Columnista: Mónica María Moreno Mesa

monicamariam@gmail.com

No tuve hijos. Pero tengo 19 sobrinos. Con algunos soy mejor que con otros, pero a todos los amo con mi vida. Me encanta ser tía. Trato de ser la mejor y aunque seguramente no lo soy, es uno de mis roles favoritos. Lo hago sin esfuerzo y mi paga es una llamada, un abrazo, un beso, y a veces hasta un regalo que no esperaba. Eso me hace muy feliz. Creo que es una manera indirecta de disfrutar la maternidad de forma directa. Sí, parece un enredo de palabras, pero es así. Uno los devuelve cuando se aburre, pero siempre quiere tenerlos, disfrutarlos, malcriarlos, verlos sonreír, ser su paño de lágrimas, darles ese apoyo que los papás a veces no pueden, porque deben tener otro tipo de relación: ser padres.

Miro a mis amigas que no son mamás pero sí tías y noto en ellas todo su instinto maternal arrojado sobre sus sobrinos. Están dispuestas a no salir de rumba y quedarse jugando a las muñecas, o no dormir hasta tarde para hacer un suculento desayuno que incluya ingredientes, que seguro en su casa no están muy permitidos... pero que donde las tías se vale disfrutarlos. Todas sienten amor y orgullo incondicionales por sus sobrinos y a mí me encanta verlas en ese papel que les saca su mejor versión.

Y claro, no todo no es diversión. Llega la preocupación cuando a alguna (o) le rompen el corazón, o cuando de pronto no tienen los mejores amigos, incluso cuando las dudas o el existencialismo propios de la juventud los atacan.

Desde pequeños los sobrinos lo retan a uno: a cambiar pañales (una de las mayores pruebas de amor), dar tetero, ayudarles con las tareas, llevarlos a conciertos, viajar con ellos, regalarles lo que quieren y no lo que necesitan, darles de vez en cuando platica, tomarse unos tragos, y estar cerca hasta que encuentran con quien compartir la vida. Esta relación también nos hace más amigos de nuestros hermanos, porque ellos nos buscan cuando la comunicación con sus hijos es mala, o cuando quieren acercarse y no pueden, o simplemente quieren desahogarse sin sentirse señalados, porque sienten que algo no hacen bien en labor de papás.

Así que para siempre seré la tía Mónica, uno de mis títulos más queridos.

Autor:
Mónica María Moreno Mesa
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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