Publicado por: Movimiento Cívico Conciencia Ciudadana
Alrededor del año 2000, se adoptaron los Planes de Ordenamiento Territorial –POT- en las diferentes ciudades del país. Para Bucaramanga, fue el 25 de septiembre de 2000 la fecha en que dio a luz nuestro primer POT.
Los mecanismo de participación ciudadana de la CN, la ley 152 de 1994 y los Consejos Territoriales de Planeación, y los decretos 425 de 1995 y 739 de 1998, hacían presagiar un futuro esperanzador. Este nuevo esquema para la planeación territorial suponía la construcción colectiva de las reglas y procedimientos para la organización y distribución del suelo para todos. Circunstancialmente este momento histórico coincide con el cambio de las costumbres políticas y la desaparición de la reciedumbre del ciudadano crítico, exigente y amante de su ciudad.
Coyunturas nacionales como las mafias del narcotráfico, grupos al margen de la ley, y la corrupción en todas sus formas coptaron y permearon a la sociedad civil y al estamento político, debilitando el establecimiento público y la moralidad.
La novedosa herramienta para el desarrollo integral de las ciudades también fue presa de esa cultura mafiosa que se apoderó del país y de los amigos del dinero fácil.
Las curadurías y oficinas de planeación, encargadas de la aplicación de las normas urbanísticas, son débiles, laxas y permisivas, autorizando proyectos que rebasan la norma urbana; mientras la estética urbana y la calidad de vida desaparecen, hábiles negociantes de tierra y los planes parciales se enriquecen.
El uso del suelo, los Índices de construcción, de ocupación, áreas de cesión y aislamientos, cupos de parqueo, son objeto de amañadas interpretaciones bajo la mirada cómplice de las oficinas de planeación.
Por otra parte, tanto anuncio y expectativas sobre los nuevos POT solo han generado especulación con el precio de la tierra; el resultado es palpable: caos urbanístico y vial y el desbordamiento del valor suelo en detrimento del costo de la vivienda.










