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Lunes 09 de Abril de 2012 - 12:01 AM

¿Qué hacemos con… Una carretera entre dos ciudades?

Columnista: Orlando Pinilla Prada

Estamos en Semana Santa: La gente, al menos teóricamente, no comete pecado y el tiempo libre se usa para alabar al Señor. Cierto será pero lo dudo. El Viernes Santo es el día más especial de nuestra fe, tras su pasión “voluntariamente aceptada”, Cristo muere en la cruz, el domingo resucita. Esto es lo cierto, en ello creemos, lo demás que se diga no lo aceptamos. Lo pasado en estos días es la historia que a todos los católicos se nos narra repetidas veces desde niños, creyéndola y repitiéndola vivimos y morimos. A Cristo no lo mató el pueblo judío, lo hizo el Sanedrín y el motivo en el fondo era más político, económico, que religioso. Los seguidores de Cristo aumentaban, el Sanedrín veía perder su poder, que era riguroso, exacto y no había cambiado en muchas generaciones.


Lo de la vía a Barrancabermeja viene de lejos y va para largo. Motivos políticos, sociales y económicos, a veces encontrados, han intervenido. Los proyectos varios, las posibilidades muchas, el dinero siempre escaso y durante muchos años la selva umbría lo hizo imposible. Se recurrió al camino más fácil, que era ir conectando pueblo por pueblo y caserío con caserío.


De Barrancabermeja hacia Bucaramanga, la Troco, por razones de su explotación, hizo 40 kilómetros hasta Albania y en 1930 “se los regaló al Gobierno” y de ahí para acá la cosa se complica, 40 kilómetros hasta San Vicente se hicieron en cuatro años. Por fin, en 1938, al terminar el puente de El Tablazo, se dio paso Barrancabermeja-Bucaramanga; “tirando cabrilla”, un buen chofer gastaba cinco horas. Cuando la Guerra Europea se hacía el viaje en 24 horas. El tramo actual Bucaramanga-Río Sogamoso sigue siendo equivocado, pero la escasez económica lo ha mantenido. 104 kilómetros, que pueden reducirse a 84, cuatro vías y un supercentro comercial en Berlín, mitad de camino, pueden hacer de dos ciudades una y de Santander, el departamento más importante de Colombia.

Autor:
Orlando Pinilla Prada
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