Martes 23 de Septiembre de 2014
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Orlando Pinilla Prada
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Lunes 20 de Agosto de 2012 - 12:01 AM

¿Qué hacemos con... un poco de mi vida?

Autor: Orlando Pinilla Prada

De mi pueblo, donde no había colegio pero sí escuela pública con los mejores maestros, gente muy escogida y muy bien paga fui a Zapatoca, recuerdo que llegué sin saco y por ello no querían recibir a ese pueblerino, que al fin se abrió paso. De allí marché al Colegio Santander de Bucaramanga recién creado y allí me hice bachiller y llegué a la Universidad, presenté examen de admisión que fue el mejor calificado. Por fin un día me dijeron que ya era médico, tenía que hacer un año de medicina oficial, cumplí el requisito y regresé a Santander, donde ya habían repartido los cargos públicos. Al fin, bregando mucho, me nombraron como Médico Rural en Güepsa, inexperto como era cometí el error “de pelearme” con el cura y nuevamente llegué a Bucaramanga. Vino después el viaje de pueblo en pueblo esperando un cupo vacante para ubicarme. En Zapatoca, tierra de mis mayores, el cura no me aceptó, dijo que yo era el “diablo en persona” y era peligroso para la comunidad, el pecado: ser liberal en un pueblo conservador. Estando en San Vicente batiendo el hambre me ofrecieron un cargo en Tibú, por asuntos familiares no lo acepté. Finalmente ingresé a Ecopetrol, hechura de mi pueblo, y allí pasé 25 años de buen vivir. Jubilado entré a formar parte del gremio pensional disfrutando de un descanso bien merecido. Se conoce un mundo distinto en heterogénea mezcla con gentes de todas las naciones, se adquiría una visión distinta del universo. Me localicé finalmente en la ciudad de los parques, donde he vivido tranquilo años y años. Muerta mi extraordinaria esposa quedé solo nuevamente. Un día me topé con el Doctor Guillermo Gómez Ortiz, quien fue Párroco en Zapatoca y no permitió la violencia del año treinta y cargado de años y de méritos se instaló en El Socorro, donde pasaba días muy acosado de dinero y que, sin pensarlo, compró un billete de lotería y se la ganó. Entró el buen Cura en paz económica y en la Ciudad de los Comuneros murió. Hasta aquí parte de la historia de mi vida que en verdad no interesa sino a mi familia, pero gozo de la paz de Dios.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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