Miércoles 18 de Julio de 2018 - 10:38 AM

Curador Urbano: Profesión de Alto Riesgo

Columnista: Oscar Jahir Hernández

Hace unos días, el arquitecto Armando Arteaga, profesor de la Facultad de Arquitecturade la Universidad Nacional de Colombia, con sede en Medellín, generó una indignación alafirmar que “las curadurías se convirtieron en una suerte de notarias”, donde el curador más que interesarle la ciudad, lo que le interesa es facturar.

Fue tal la incomodidad que secausó, que el Colegio Nacional de Curadores manifestó su inconformidad a través de uncomunicado que no tuvo la resonancia necesaria para que se diera un debate en el quepudieran defenderse con las mismas oportunidades que tienen quienes los acusan.

Los colombianos no sabemos a ciencia cierta cual es la función de un curador urbano, porquesomos una sociedad mediática en la que los titulares negativos trascienden en elcolectivo, y los positivos se dispersan en el desinterés.

A los curadores les está prohibidopromocionarse, por lo que la buena práctica de su trabajo solo la terminan conociendo sususuarios, y quienes no lo son, terminan aceptando como ciertas las palabras del profesorArteaga.

Es necesario que los ciudadanos entendamos que los curadores no sonautoridades de control urbano, y por ende no les corresponde la revisión de las obras almomento de su edificabilidad u ocupación.

Los ataques inmerecidos en contra de la laborque ejercen estos particulares, no solo desacreditan su ejercicio como profesionales alculparlos de hechos por los que solo deberían responder quienes tienen la obligación devigilar los procedimientos constructivos en su territorio, sino también, los vuelven unblanco del dolor y la indignación de quienes sufren las calamidades que se pueden originaren medio del desarrollo de una ciudad.

Y eso, en un país donde algunas personas solo selimpian el alma descargando su odio en el prójimo, es una actitud que debe rechazarse sinninguna clase de miramientos. Los curadores, al igual que cualquier profesional, puedenllegar a cometer errores, pero así como el Estado debe garantizarles su derecho a ladefensa, la sociedad debe otorgarles el beneficio de la duda frente a la interpretación quehacen de las normas.

Autor:
Oscar Jahir Hernández
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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