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Miércoles 09 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

El Spinner ¿dañino o positivo?

Columnista: Óscar Rey Vesga

Quienes tengan hijos entre los 4 y 12 años aproximadamente saben lo que es un “fidget spinner”. Es básicamente un juguete que tiene una estructura plana, hecha de metal o plástico y que está diseñada para dar vueltas alrededor de su propio eje, lo que genera una sensación placentera al verlo y sentirlo rotar infinitamente. Quienes lo han utilizado compiten para cambiarlo de mano, transferirlo entre varios jugadores sin que cese su movimiento y hasta lanzarlo de un lado a otro sin que este deje de girar.

Fue diseñado inicialmente para trabajar con niños que sufren déficit de atención, hiperactividad y hasta autismo, pero alcanzó tal auge, que ahora es usado por personas de cualquier edad y en donde ya el gobierno ruso ha dicho que es un instrumento para convertir a sus ciudadanos en zombies (en serio dijeron esto) y los colegios están preocupados porque sus estudiantes pierden atención en clase por fijarla en el spinner. Lo que inició como una herramienta terapéutica terminó siendo un juego de distintos tamaños, colores, luces, formas y hasta sonidos.

Dos cosas me llaman poderosamente la atención del pequeño aparato. Primero, su fama nace utilizando netamente las redes sociales, sin la ayuda de los medios de comunicación o grandes casas de juego. Y segundo, la voz de alerta de educadores y especialistas sobre sus usos negativos en el salón de clase, cuando fue diseñado inicialmente para estudiantes con dificultades.

Los académicos han utilizado la poca información existente hasta el momento para continuar investigando la efectividad de algunos dispositivos en estudiantes con dificultades, las distintas herramientas disponibles en edad escolar que provean atención e interés en los estudiantes para su proceso de aprendizaje. Y por el otro lado, los estudiosos del mercadeo han empezado a analizar cómo este dispositivo se convirtió en éxito mundial, sin invertir un solo centavo en publicidad ni utilizando grandes fabricantes.

Hasta ahora, no es cierto que nos convierta en zombies, pero sí es un problema para colegios; debemos tener cuidado con sus pequeñas piezas y reafirmamos el poder de las redes sociales.

Autor:
Óscar Rey Vesga
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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