Jueves 18 de Diciembre de 2014
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Puno Ardila
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Lunes 18 de Febrero de 2013 - 12:01 AM

Trames famelîcus

Autor: Puno Ardila

Hablando de trámites inútiles, de abuso del tiempo ajeno y de “políticas de la compañía”, me llegaron estos dos datos interesantes:

Colpatria tiene entre sus requisitos para expedir el duplicado de un título el denuncio de pérdida en una inspección de policía. Este inútil documento, cuyo inexistente necesidad está probada, era el motivo para pagar una estampilla de cien pesos, que costaba doscientos, por una reventa que se veía con buenos ojos para no tener que perder toda una jornada en otro lugar de la ciudad. Ahora la estampilla se vende ahí mismo, pero toca anexarle otra de tres mil trescientos pesos (que vale cinco mil y pico con los revendedores “legales”). ¿A cuenta de qué se multiplicó este costo? Ni idea.

Volvamos a Colpatria con los documentos, incluido el tal denuncio. “¿Trajo una carta que anuncie la pérdida, autenticada en notaría?”. Pero eso ha sido clasificado como inútil en la ley antitrámites, como el denuncio. “Sí, pero es política de la compañía”. Bueno, pero la persona de la “compañía” no incluyó la carta en la lista que me dio. “Está bien, señor; si fue así, entonces obviaremos por hoy ese requisito; ¿trajo el recibo de consignación?”.

Uno de los requisitos de la “compañía” es consignar en su propio banco la suma de ¡quinientos pesos!, y toca esperar dos días hábiles, con los demás requisitos en la mano, mientras la consignación cumple el trámite correspondiente dentro de la compañía, y luego sí le entregan a la víctima un simple papelucho, que puede expedirse en cuestión de minutos.

La otra belleza es Sánitas, y supongo que las demás EPS están en las mismas. Resulta que un médico especialista determina que debe hacer una infiltración; pide dos jeringas y un frasco de analgésico, y expide un “permiso” para que sea diligenciado ante un grupo de sabios de una “junta médica” que determinan si el procedimiento es viable, y si no representa mayores costos.

Para ello, toca hacer un trámite que dura entre una y tres horas, que resulta en la autorización de las dos jeringas (cuatrocientos pesos) –no el analgésico–, y la obligación de esperar quince días para que los sabios determinen que el médico de verdad está autorizado para efectuar tan complicada intervención quirúrgica de aplicar un par de inyecciones.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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