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Lunes 28 de Agosto de 2017 - 12:01 AM

Profusión de zancudos

Columnista: Puno Ardila

A esa enorme lista de cobros “porque sí” que reciben los colombianos día a día hay que sumarle uno que sublima los perfiles de “impuestos”, como la revisión técnico-mecánica y el cuatro por mil, y de entidades, como Sayco, Acinpro y Acodem, por citar algunos ejemplos.

Hemos estado tratando, sin renegar, de acostumbrarnos a pagar el impuesto -uno más- del derecho de andar en carro, que se inventó “no-digo-quién” para beneficiar los bolsillos de “yo-sé-quiénes”, que conocemos como “revisión técnico-mecánica”, un negocio cuyo resultado es que las vías siguen llenas de carros humeantes y destartalados. Y todavía nos preguntamos por el manejo de ese platanal que se recoge con el cuatro por mil, creado para favorecer al pobre viejecito dueño de la banca en Colombia.

Seguimos cuestionando los métodos de Sayco y sus secuaces, que con policías a bordo le van cobrando a quien sea y atropellando al que no baje el morro y acepte “negociar” el pago. Como en Chicago, en la época de Al Capone. El problema no es que cobren por los derechos de autor, de compositor, de intérprete; el problema es que el beneficio no llega adonde debe llegar. Es como las alcaldías, que cobran impuesto al que hace ruido, pero el dinero recaudado no beneficia a quienes padecen ese ruido.

Hay muchas otras formas de descunchar; pero vale la pena mencionar al Centro Colombiano de Derechos Reprográficos, CDR, que cobra a las instituciones educativas con uso de plataforma virtual un “impuesto” millonario, con la suposición de que se utilizarán textos cuyos autores merecen regalías. Hasta ahí es maravilloso; pero surgen preguntas interesantes, seguramente sin respuesta: ¿Qué hacen con el dinero cuando la mayoría de los profesores virtuales solo citan los textos o enlaces, pero no publican nada? Y otra: ¿A quiénes les reparten el dinero del “impuesto” a las fotocopiadoras cerca de las instituciones educativas, que recaudan por regalías?

Mensæ teguméntum. Y hablando de succionadores de sangre, la Dian obliga a los difuntos a declarar renta y a pagar impuestos hasta dos años después de muertos. ¡Eso es eficiencia!

Autor:
Puno Ardila
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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