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Lunes 25 de Septiembre de 2017 - 12:01 AM

El fin del mundo

Columnista: Puno Ardila

Una vez más la humanidad se quedó con los crespos hechos frente a la manida historia esa de que el mundo llegó por fin a su ídem.

Muchos gastaron sus ahorros en francachela y comilona, “porque al más allá se va como se vino al más acá”; y otros, más previsivos, terminaron de construir su refugio y se aprovisionaron para varios meses, como si el fin del mundo diera opciones de salvamento: cuando esto ocurra no quedará títere con cabeza. Y así lo confirma la Biblia, que, a pesar de la abundancia de datos descriptivos, que hablan de carros de fuego y la junta entre la tierra y el cielo, no aporta fecha clara y precisa, por lo que mucha gente se despista y termina cometiendo disparates, abocados a la brava a vivir el último día como si fuera eso, precisamente.

En Colombia, el anuncio del fin del mundo sirvió para que ocurrieran hechos muy interesantes. Por ejemplo, vino Francisco a vernos y a traernos la buena nueva (no la del final; la otra, la del evangelio según el evangelio mismo: la de amar al prójimo, hacer el bien y pensar en el espíritu más que en el banco y los centros comerciales). Los grupos al margen de la ley decidieron entregarse y negociar una reincorporación pacífica para vivir en paz los últimos días. Muchos políticos confesaron sus crímenes y se entregaron (menos uno, que cree en la vida eterna –especialmente la de él– y en la resurrección de sus huestes; por lo que no le conviene soltar la boca, por ahora). Los gobernantes, por un lado, vendieron a precio de tripa picha los derechos para socavar los páramos, y en vez de agua extraer oro, ese valioso metal convertido en lo más inútil del mundo por cuenta de la avaricia humana, y, por otro lado, los que todavía tenían alma se la vendieron al diablo, con la esperanza de tener algún escaño burocrático en la paila gocha.

Y el pueblo colombiano, prudente, como siempre, se ha mantenido cuidadosamente alejado de todo este berenjenal, pendiente del nuevo “reality” de televisión.

Autor:
Puno Ardila
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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