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Lunes 04 de Diciembre de 2017 - 12:01 AM

Los motivos del lobo

Columnista: Puno Ardila

El profesor Gregorio Montebell me recordó hoy apartes del poema: “¿Es ley que tú vivas de horror y de muerte?, preguntó Francisco, y el lobo contestó: ¡Es duro el invierno, y es horrible el hambre! En el bosque helado no hallé qué comer; y busqué el ganado… Mientras los hombres buscaban la sangre por placer, no por necesidad”. Pactaron entonces un acuerdo de paz, para que los pobladores pudiesen vivir tranquilos, sin el acoso ni las amenazas contra sus propiedades y contra ellos mismos, y, a cambio, el lobo sería aceptado como un habitante más, como cualquiera de ellos, y recibiría alimento y cobijo.

Y todo pareció marchar como se acordó, y el animal paseaba tranquilo entre los hombres, y visitaba sus casas, y parecía que la vida se tornaba ideal. Pero fue otra cosa lo que Francisco encontró a su regreso, porque el lobo volvió a sus andadas, “y recomenzaron su aullido y su saña. Otra vez sintiose el temor, la alarma, entre los vecinos y entre los pastores; colmaba el espanto los alrededores, de nada servían el valor y el arma, pues la bestia fiera no dio treguas a su furor jamás, como si tuviera fuegos de Moloch y de Satanás”.

Francisco buscó nuevamente al lobo, y le exigió una explicación, y este le contestó: “Yo estaba tranquilo allá en el convento; mas empecé a ver que en todas las casas estaban la envidia, la saña, la ira, y en todos los rostros ardían las brasas de odio, de lujuria, de infamia y mentira. Hermanos a hermanos hacían la guerra, perdían los débiles, ganaban los malos. Me vieron humilde, y así, me apalearon y me echaron fuera. Y su risa fue como un agua hirviente, y entre mis entrañas revivió la fiera, y me sentí lobo malo de repente; mas siempre mejor que esa mala gente. Y recomencé a luchar aquí, a me defender y a me alimentar. Como el oso hace, como el jabalí, que para vivir tienen que matar”.

— ¿Y a qué viene el cuento, profesor Montebell?

¿No lo ve? Rubén Darío nos está mandando advertencias…

Autor:
Puno Ardila
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