Lunes 25 de Junio de 2018 - 12:01 AM

Nada como ella

Columnista: Puno Ardila

Hoy hace un año la retiraron del servicio activo, sin consideración alguna, sin contemplaciones; como si aceptarlo fuera tan fácil. Se la llevaron sin preguntar nada a nadie; sin consultar con nadie.

La noticia nos cayó como una ingrata y dolorosa sorpresa, porque nos quitaron de repente el eje de toda una comunidad, y dejaron tras de sí una inmensa estela de labores huérfanas, y de hijos huérfanos, biológicos y no biológicos; porque en su regazo maternal acogió a todo el que viniera a buscarla: familia o amigos, propios o extraños.

Su trabajo adquirió relevancia por su liderazgo en el grupo de la tercera edad, que ayudó a fundar. Durante muchos años prestó sus servicios gratuitos, como profesora y como gestora: conseguía recursos y organizaba reuniones, paseos y festejos, y se encargaba de que todo un montón de veteranos tuvieran la oportunidad de emplear felizmente su tiempo. Y ahora ellos están solos.

Brindaba sin recelo consejos de paz, y, sin reparos,“apagaba candelas” cuando era necesario, una actitud que la identificó en esta sociedad nuestra tan acostumbrada a armar pleito por todo. Bordaba en silencio, y, como una arañita infatigable, tejía permanentemente, mientras enseñaba, mientras compartía, mientras convocaba.

Con ella se llevaron a esa amiga que todos quisiéramos tener: confidente, leal, plena y generosa de ternura y amor. Era ella en quien siempre podía encontrarse un abrazo y un gesto amable, y una broma inocente, y una sonrisa que iluminaba. No olvidaba una fecha, y siempre aprontaba un detalle de cariño para las celebraciones.

Para ella, lo importante era que el homenajeado recibiera su regalo de manera oportuna. Precisamente, días después de que se la llevaron, recibí su regalo con motivo de mi cumpleaños. Ahí lo tengo todavía, sin destapar; lo haré cuando me encuentre nuevamente con ella, para poder abrazarla y darle las gracias como es debido.

Estará feliz en donde quiera que se encuentre; se lo merece. Con seguridad, estará hoy velando por sus hijos desde la casa de alguno de ellos, en donde, por mucho tiempo, seguirá prolongando su estancia vital en el corazón de la tierra.

Autor:
Puno Ardila
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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