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Lunes 31 de Octubre de 2011 - 12:01 AM

¿Quién le dijo a mi vecina?

Columnista: Puno Ardila

¿Quién le metió en la cabecita a mi vecina la idea de que las fiestas de los niños tienen que "animarse" con un equipo de sonido cuyo volumen esté extremadamente alto? No sé, porque personas como ella, por ese alto volumen, o por sus "razones" inapelables, se niegan a escuchar lo que sea que se les plantee.


Me parece que al genio encantado que entró a su cabeza le falta lectura y le sobra esnob, porque hasta este día comercial del "halloween" le entró también el cuento de las "tendencias", que incluyen tipologías anuales en los disfraces y, por supuesto, ruido por montones. Si la idea gringa de este día es que los niños fueran por las casas de su vecindario y los adultos los regalaran con dulces y golosinas, pero ahora se cambia por fiesta, pues bienvenido ese cambio, por auténtico, pero, en vez de mejorar, empeora, porque se está evitando el peligro en las calles, pero se maleduca en el ruido, y para los niños es importante su formación desde los elementos de su inherencia, como la ternura, las sonrisas y los abrazos, y no en antivalores agregados, como el alto volumen y las estridencias; como los gritos, que no son inherentes a los niños, como sí lo son sus expresiones de llanto en la primera infancia; o los ladridos de los perros, que tanto la molestan. La convivencia, vecinita, debe infundirse en los niños desde el acceso a esos elementos inherentes, y no a lo impuesto por modas comerciales.


Volviendo al cuento de las fiestas de los niños, es importante que en la formación de las generaciones futuras deban primar los criterios fundamentados en la cordura, en la reflexión y en el respeto, y no en el desquite de peleas casadas. Pero alguien convenció a mi vecina de que las fiestas de niños, para que sean buenas, deben conllevar escándalo, altos volúmenes, bochinche y desorden, y que no se debe prestar atención a las solicitudes de quienes reclaman por su derecho al trabajo en paz. Y quién sabe si ese alguien también le recomienda a mi vecina que acuse y persiga a los jóvenes, ya un poco mayores y más grandes, que se reúnen en fiestas, bulliciosas y estruendosas, "animadas" por el alto volumen, como desde niños fueron acostumbrados por sus padres o por quienes comparten las ideas de mi vecina.


¿Será que no entiende mi vecina que si forma a los niños en el ruido, no podrán oír nuestras súplicas, dentro de poco, cuando seamos ancianos?

Autor:
Puno Ardila
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