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Lunes 14 de Noviembre de 2011 - 12:01 AM

Sobre la reforma a la ley 30 (II)

Columnista: Puno Ardila

Continuamos con el texto de José E. Rubio Martínez, estudiante de la UIS, que concluye hoy con su reflexión, y abre la posibilidad de debatir este tipo de situaciones, que tienen tanto de ancho como de largo, y cuyas referencias históricas han dejado en nuestra sociedad cicatrices que, para quienes la conocen, son difíciles de borrar. Por ahora, es bueno pensar en que, dada la coyuntura, se piense en una verdadera optimización del sistema educativo.
‘La sombra de una sombra’

“… Los profesionales y aquellos que se están preparando para serlo son responsables máximos al tener cercanía con los saberes que siglos y siglos les han legado, con métodos y debates de los que no todos participan, pero, lejos de ello, da vergüenza ver con cuánta desfachatez y resignación se renuncia de manera expresa a dicho compromiso. Con cinismo, algunos se rehúsan a entender que están inscritos en esta sociedad y no en una burbuja que los exime de todo vínculo humano, de toda relación de poder, de toda relación social. Acaso esa capacidad de embrutecimiento y de acostumbramiento de la que hablaba Estanislao Zuleta, esa “atomización”, ese tirar de cada quien para su lado sea un síntoma que deba preocupar al conjunto de la población, que deba asombrarlos al ver en manos de quiénes está el futuro de este país, que deba llenarlos, por una parte, de plena satisfacción al comprender que las manifestaciones más elementales de la democracia se ponen en práctica desafiando los intereses monolíticos de unos pocos, y de tristeza, al notar que siguen siendo muchos lo que se encierran en su torre de marfil, siendo así cómplices del desmonte progresivo de instituciones que significan no solo un ascenso social, sino la más clara y definitiva opción de progreso técnico, tecnológico, científico y cultural de una sociedad y que por ello deben estar en y para toda ella. Que aquello que está tratando de eliminarse es un futuro decente para nuestra nación, acorralada desde hace años por una violencia que solo ha sido rentable para unos pocos y costosísima en términos humanos y de oportunidades civiles para muchísimos; una violencia que sin duda se prolongará y recrudecerá día tras día, si seguimos sendas como la que depara el proyecto de reforma a la ley 30 de 1992”.

Tal vez algunos deban pensar con más cuidado las implicaciones y asumir los compromisos que pretenden obviar, dejar a un lado, tirados, como si no existieran, como si no debieran, como si fueran solo la sombra de una sombra”.

Autor:
Puno Ardila
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