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Lunes 16 de Enero de 2012 - 12:01 AM

Más apuntes para la reforma de la educación (I)

Columnista: Puno Ardila

Piedad Santos Gómez, rectora de la Escuela Normal Superior de Bucaramanga, escribió el documento ‘Una rectora pone el dedo en la llaga’, por una situación con profesores que no estaban de acuerdo con sus directrices laborales. Del texto, compuesto de dos partes, extraeremos algunos datos importantes y algunos apartes de su contenido, especialmente de la parte final, referida a las recomendaciones para el mejoramiento de la educación:

Las instituciones educativas no cumplen con la intensidad mínima obligatoria de clases de cuarenta semanas –1200 horas–, puesto que los días fijados para la apertura de los colegios no coincide con el inicio de las clases, porque no hay profesores, porque falta organización de las asignaciones académicas, o sencillamente porque la “inducción a los estudiantes” es el tema de la primera semana. ¿Y qué decir de la últimas semanas? Los estudiantes ya no asisten porque saben que no habrá evaluaciones, y los docentes no cumplen con lo suyo porque “para qué, si todo lo que se enseñe en estos días es perdido y toca repetirlo el año entrante…”, o porque “toca trabajar con los de recuperación”… Las excusas sobran para suspender el trabajo trece días antes.

Y así, ya van tres semanas perdidas.

Hay que contar las jornadas que se pierden por cuenta de las actividades sindicales y las convocatorias a “jornadas académicas”, que restan dos semanas al año, además de entregas de boletines y sus respectivas reuniones generales previas, entrevistas con padres de familia, celebraciones como el día del maestro, el de la mujer, del trabajador, de la secretaria, del cumpleaños de este y del otro, compensatorios por elecciones, incapacidades médicas sin sustituto, la invasión del esnobismo con emisores juveniles y el “jean day”, y la semana cultural, que funciona uno o dos días, y el resto de la semana en el colegio espantan. ¿Cuántas llevamos? Siete semanas de trabajo académico perdidas durante el año, en una nación por debajo de los índices internacionales de intensidad horaria.

La actitud laxa de la comunidad educativa frente a los problemas académicos del país puede verse en el caso concreto de la Escuela Normal, donde es firme la oposición de docentes y estudiantes frente al proyecto del ‘Plan lector’ (una hora de lectura semanal institucionalizada), visto únicamente como una “carga adicional”, y en cambio, hay total entusiasmo frente a otras actividades, superfluas, como los famosos “fashions” o desfiles de modas, “como si en la Escuela Normal estuviéramos formando modelos o diseñadores de modas, y no maestros, como es su misión”.

Continuaremos la próxima semana.

Autor:
Puno Ardila
Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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