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Lunes 27 de Febrero de 2012 - 12:01 AM

España, buena para cobrar, mala para pagar

Columnista: Puno Ardila

Hace algunos días, la empresa de exploración submarina Odyssey recibió la orden judicial para que entregue a España un botín de 595 000 monedas de oro y plata del siglo XVIII, así como otro material rescatado del pecio de la fragata militar española ‘Nuestra Señora de las Mercedes’, hundida en 1804.


El tesoro, el más grande jamás rescatado de las profundidades del mar, que pesa la bobadita de diecisiete toneladas, fue transportado a España en dos aviones Hércules, después de cinco años de lucha de las autoridades españolas por rescatar lo que han considerado suyo desde que la empresa exploradora descubrió y recuperó el naufragio.


Se pregunta uno en estos momentos si es que España ha entrado en una etapa de reflexión acerca del derecho que tienen las naciones sobre la posesión real y verdadera de sus recursos, o simplemente es una rabieta más (millonaria sí, pero rabieta), como para recordar sus tiempos de invasión imperial, cuando lo único realmente válido era lo que imponía desde su trono.


Así las cosas, dónde queda la dignidad de España cuando reclama por el oro de este hallazgo, si el que se llevó de América aún lo conserva en sus tierras. Es más, dónde le queda la dignidad, si posiblemente muchas de esas monedas –o tal vez todas– fueron acuñadas con el metal que, a las buenas, con rosarios y salmos, y a las malas, con espada y sangre, fue sacado de nuestras tierras.


Ya es hora, después de más de quinientos años de saqueos y crímenes cometidos por España, ejecutados a nombre de la Corona o a cuenta de la "Santa Madre Iglesia", y aprovechando este triunfo de la "dignidad", esta "victoria andaluza", de que las autoridades hispanas comiencen a devolver lo que se robaron de aquí. No importa que el oro que fundieron no pueda recuperarse en su estado precolombino, pero, así como esté, en lingotes o en monedas, sigue siendo nuestro; y no importa que por ahora no den cuenta de la sangre inocente que derramaron en el nuevo mundo con el argumento de que se mataba para civilizar.


Cruzaremos cuentas, de esas que nos zampaban de niños, cuando decían que les debíamos a España el idioma y la religión. Por lo primero, muchas gracias, y ahora los latinoamericanos podemos compensarles el favor con un programa de capacitación en el manejo de la lengua castellana; por lo segundo, salen a debernos, porque precisamente ha sido la religión el parapeto con el que saquearon y mataron.


Después hablamos de los intereses.

Autor:
Puno Ardila
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