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Lunes 16 de Abril de 2012 - 12:01 AM

Naturaleza, teleférico y cultura

Columnista: Puno Ardila

Escribe Germán Ignacio Andrade*:
“Sentimientos encontrados produjo mi reencuentro con el Cañón del Chicamocha. Sobrecogimiento por la naturaleza de este accidente colombiano único, poco repetido en el mundo. El teleférico es una obra excepcional, como el de Cairns a Kuranda, o el de Medellín.


“La propuesta de visita es parcialmente decepcionante. El lunar es una estrambótica infraestructura que, con mensajes y ruido (como música), impone una errada simbología regional para un “parque nacional”: no lo es. Podría suponerse que por la belleza natural es parte del sistema nacional de áreas naturales protegidas, pero no es así. En vez de interpretar para los visitantes los valores culturales y naturales del sitio, choca a la vista una arquitectura de nuevo rico que no recoge elementos de cultura ni naturaleza santandereanas; una especie de parque granja o parque aventura, que vende una supuesta naturaleza para quienes al visitarlo nada aprenden de ella. ¡Qué desperdicio! Esta infraestructura hubiera podido hacerse en cualquier parte, porque en nada se integra con el Cañón. En cambio, devalúa su carácter. Es como si el visitante a Iguazú encontrara frente a las cataratas un parque de diversiones. ¡Qué falta de cultura universal entre nosotros!
“Es tan imponente el Cañón, que al final la visita no es totalmente decepcionante. Pero no tengo duda de que algunos también saldrán tristemente admirados por la forma como el colombiano allí representado desconoce los valores naturales, estéticos, culturales, de biodiversidad, de silencio.


“¿Por que aún no tenemos allí un área protegida digna? Sin duda, es urgente; porque hay evidente erosión, mal manejo de la tierra, desarrollo inconveniente de infraestructura, algo de minería: hace falta la conservación de la naturaleza. No me extrañaría si el concepto del Cañón que allí se presenta haya sido una de las razones para que no haya entrado a la lista de maravillas del mundo. Todavía no está listo para esta designación, que implica creación de valor de destino, en sano equilibrio entre lo que nos dio la naturaleza y lo que debemos a ella. Todavía podría serlo, pues el daño no es irreversible. Pero para ello, los colombianos tenemos un largo camino; al menos, mientras quienes deciden entienden que lo más preciado de los valores naturales y culturales –hoy desvirtuados– es lo que más podría identificarnos fuera de nuestras fronteras”.


*Profesor Uniandes; de la Comisión de Áreas Protegidas, Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza, y Comité Científico, Instituto Humboldt; asesor, programa de manejo, Santuario Histórico Machu Picchu; promotor del Santuario de Fauna y Flora Guanentá Alto Río Fonce.

Autor:
Puno Ardila
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