Jueves 24 de Julio de 2014
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Rafael Gutierrez Solano
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Jueves 07 de Febrero de 2013 - 12:01 AM

Proceso de paz

Autor: Rafael Gutierrez Solano

En el alma de todo ser racional hay más espacio para la paz que para la guerra, así la historia - en particular la nuestra- nos dé a cada momento un bofetón recordándonos que han sido poco los momentos de sosiego. A pesar de las frustraciones que el país ha soportado en intentos anteriores, sigo convencido de que la imposición de una verdad, cualquiera sea, no vale la vida de un individuo. En más de cinco décadas de inútil confrontación, son cientos de miles las vidas que se han perdido para desgracia de esta Nación, que hoy añora esas mentes lúcidas, valientes y comprometidas con la causa de la reconciliación, que ya no nos acompañan. En Colombia, parte del problema para no arribar a una solución pacífica, se identifica con dos factores: la falta de memoria y el elemento RC o resistencia al cambio.

Entre nosotros se ha entronizado el “síndrome de asimilación”, que soslaya las tristes vivencias de la guerra, convirtiéndonos en seres indiferentes, pasivos y olvidadizos. También nos hemos vuelto individuos complacientes que aceptamos excusas baladíes de las partes en conflicto, con las cuales se justifican los errores y horrores de una guerra de verdad, donde abundan las mentiras. El escritor colombiano Álvaro Mutis, padre literario de Magroll el gaviero, afirma con razón: “... En la cárcel y en la guerra no se puede mentir”. Enfrentados a esta dramática circunstancia, no existe alternativa diferente que la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad, como reza en juramento jurídico.

Asumiendo lo anterior, entendamos que en todo proceso de paz se presentan propuestas de cambio, que en nuestro caso parten de unas premisas acordadas con antelación, sobre la no alteración del sistema político y el modelo económico. Sin embargo, en esos aspectos y en otros, hay unos matices negociables que son los puntos de la agenda suscrita en Oslo (Noruega).

Los negociadores del gobierno que presumimos expertos en estas lides, sabrán ponderar que tanto se resisten al cambio y que tanto se puede ceder; en ello radica el éxito de estas conversaciones. Colombia es una comunidad de personas afectada por grandes desequilibrios e inequidades, sobre todo en el campo social; así ha sido catalogada a nivel mundial.

Independiente de que exista o no un proceso como el referido, esos cambios hubieran podido procurarse hace mucho tiempo, quizás con ello la sociedad hoy transitaría por caminos diferentes a los de la guerra.

Este artículo obedece a la opinión del columnista. Vanguardia Liberal no responde por los puntos de vista que allí se expresen.
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